Conversaciones en cualquier terraza de verano (I)

.

(Mesa a la izquierda)

Ella: A mí me gustan los hombres de antes pero con las cosas de ahora.

Él   : Pues yo antes era muy malo. Ahora soy así.

.

(Mesa a la derecha)

Él:   Permítame…

Ella: ¡Ay, muchas gracias!, qué amable es usted.

Él:     Señora, así me educó mi abuelo. Siempre me decía que un hombre se viste con los pies. Además, soy republicano…

 

Madrid, Calle Alcalá (1935)
Madrid, Calle Alcalá (1935)

 

_____________

N.deA.-  Prometo que las conversaciones, pilladas al vuelo, fueron reales. Mi mesa, por supuesto, estaba al centro… Aunque yo también soy republicana.

.

 

Anuncios

Las cuatro estaciones

.

Mi madre era muy  puntual.  Una vez al año, durante cuatro veranos, fue pariendo a sendas hijas. Yo soy la tercera de arriba abajo.

Laura, la primera. Lena, la segunda y Dana, la última.  El quinto parto de mi madre fue en invierno y fue un niño: Julián. Mi padre se sintió tan feliz, que murió de orgullo a la siguiente primavera.

Como  mi madre se quedó tan sola, no tuvo reparo, dos otoños después, en dejar entrar a nuestra casa al tío Aurelio. Y a su cama, también.

Al siguiente verano…

.

Herbert von Karajan dirige a la Orquesta Filarmónica de Berlín y a la violinista Anne – Sophie Mutter en el concierto nº2 (Verano) de Las cuatro estaciones de Vivaldi.

.

(Re)ajustes II

Esta mañana lo he intentado. No puedo. El armario, el tuyo, seguirá cerrado.

Puse la mano en el picaporte y el corazón dio un respingo. Lo solté como si fuese una brasa ardiendo. Te preguntarás que buscaba ahí. La intención era guardar algunas cosas y reordenar la ropa de invierno. Pero me asaltaron todos tus colores. Esas camisas tuyas tan divertidas y que tanto te gustaban. Me golpearon tus olores, que siguen ahí, como sí de un frasco de buen perfume se tratara. Tus zapatos me pisaron los recuerdos. Casi, te lo puedo jurar, te sentí descolgarte de una percha con tu camisa vaquera y  tu sonrisa, abriendo la puerta del jardín. Pero, cerré de golpe. No, aún no te puedo dejar salir del armario.

(Supongo que una vez pasado el verano, vendrán los chicos y tu hermano, tal como lo habíamos planeado y lo abriremos juntos.)

Lo cierto es que, cada día, hay un instante en que me siento algo mejor. Además, el calor apenas deja tiempo para la tristura. El pueblo se ha llenado de la gente de verano. Y, con tu ausencia, descubro que salir a la compra o a dar un paseo o a tomar algo, se torna, a veces, en triste tarea. Apenas tres pasos y, algún amigo o conocido tuyo, se detiene a saludar y a darme el pésame o, en el peor de los casos (porque no se han enterado), a preguntar por ti.

Hay que pasar por esto, sin duda, pero, a veces, resulta hasta cruel. Es la herida que no se consigue cerrar. El otro día, al bueno de Eusebio, le hice pasar un rato muy malo, pues no tenía yo un buen día y cuando me preguntó por ti, le miré como si me estuviese haciendo una mala broma y por toda respuesta, me puse a llorar desconsolada. El pobre hombre se quedó de piedra.

Así que,  para evitar situaciones como esa, he sacado de tu armario la sonrisa calibre veintidós y cuando me preguntan cómo estoy,  les digo que como el tiempo: a veces, insoportable. A veces, tormentoso. A veces, bien…

Ya sabes,  las cosas del cambio climático…

_