Cuentos chinos

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Hace siete años ya de aquella lluviosa noche de diciembre, en la que mi admirado Luis Eduardo Aute, tan generoso como buen amigo, se acercó hasta el Bar Santana de Segovia para ratificar en voz alta, lo que por escrito (a)firmó de los Cuentos chinos, mi primer libro… Dando fe de todo ello, mi querida Ana San Romualdo.

¿Y qué mejor regalo para celebrarlo, que saber que mi «padrino» avanza en su recuperación con gran empeño?

¡A por el mar, querido Eduardo…!

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Luis Eduardo Aute, Alejandra Díaz Ortiz y Ana San Romualdo (Segovia, 2009)

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Activos tóxicos

Sin caer en el pánico general, llamo a la sucursal del banco y me certifican que sí, que soy parte de los diez millones de problemas, ellos los llaman clientes, que ahora mismo tiene Bankia, aunque mi cartilla es roja y dice Caja Segovia.

De momento, no puedo disponer de mi dinero en depósito. No me sorprende. Me quedo dándole vueltas al asunto. Entonces caigo en que, si una parte de los impuestos que cada irpf me tocan pagar a toca teja serán destinados a diluir los problemas de Bankia, es decir, al mío y al de otros nueve millones novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve clientes más, pues mira tú, que hoy me han reconvertido en banquera de mí misma.

Por tanto, declaro poseer una solvencia lejos de cualquier duda. (Al menos eso avalan los amigos).

Así mismo, aprovecho para enviar un mensaje de tranquilidad a mis clientes ―ellos prefieren llamarse acreedores― para que no recelen en ningún momento de mi liquidez.

Mi casero,  la compañía de luz,  el señor del gasoil y  el ayuntamiento con sus tasas, no deben preocuparse: recibirán sus ingresos, en tiempo y forma.

Por lo contario, a los señores de la visa, del plus, el móvil, el fijo y alguno más, es decir, todos mis activos tóxicos, lamento informarles que se verán afectados por una recesión temporal.

Esta situación, insisto, temporal, durará lo que tenga que durar, en tanto me llega alguna intervención pública y/o privada sobre mi deuda (también se acepta crowdfunding), a fin de sanear mis cuentas y controlar mi déficit.

No es algo que me guste, ni que sea viernes…

 

Why not?

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Ayer quedé a comer con dos queridas, guapas e inteligentes mujeres que, además, son mis amigas. Una es Maribel Gilsanz, admirable, y admirada, escritora segoviana, (re)enamorada de su simpático y talentoso marido, el artista plástico Amadeo Olmos. La otra es la pequeña Ana San Romualdo. La llamo pequeña porque sus ojos me producen una enorme ternura: miran curiosos, como buscando resolver algún misterio. Seguro que algo influidos por su profesión de periodista.

El día era estupendo. En la plaza mayor lucía un sol radiante, quizá demasiado cálido para mediados de abril en Segovia, pero que nos permitió sentarnos en la terraza de La Concepción a tomar el aperitivo. Tras ponernos al día de las vidas cotidianas, pasamos a hablar de psicólogos, corazón, vida, sueños, proyectos, miedos y frustraciones.

Ana estaba inquieta. Le duele la erupción que le ha salido en una mano. Yo también lo estoy: se aproxima el primer aniversario y los recuerdos me asaltan por las noches y se duermen a ratos durante el día, por lo que me duele mucho la espalda. Alguna de nosotras aseguró que se trataba de la astenia primaveral. Otra afirmó que nuestros males son sicosomáticos.

Lo cierto es que de tres amigas, dos estábamos necesitadas de quejarnos de lo que no entendemos y de las respuestas que no encontramos.

Maribel, conciliadora con el mundo en general y la vida en particular, nos habló de la necesidad de pensar en uno mismo y no en lo que creemos que los demás piensan o esperan de nosotros. Nos contó como Jung se provocaba ataques de epilepsia para no ir a la escuela. Con ello pensaba que así fastidiaba a sus padres por mandarlo a sitio tan horrible, hasta que se dio cuenta de que, en realidad, el daño se lo hacia a él mismo.

Le doy toda la razón: gastamos tanto tiempo en tratar de adivinar en qué pensarán (o harán) los demás que nos olvidamos de nosotros mismos. Así pues, les endosamos el poder a otros para manejar nuestras emociones. Resulta más cómodo eso que enfrentar el conflicto de raíz. Ana trajo a la mesa uno de mis Cuentos chinos: «Y yo tan tonto», asegurando que es «su cuento» y que el final no tiene precio: «Cuando te vayas, deja mi corazón en la mesilla». Mi ego se lo agradeció.

Luego,  alegó que sí, que vale, que ya lo sabe, pero que no lo puede evitar. Qué ahora mismo le gustaría saber qué piensa quién la tiene pensando inútilmente. Yo intervine: ¡Vaya!, por lo visto es más común de lo que yo imaginaba que te dejen colgando en el limbo.

Tan común, respondió Maribel, como creer que saberlo nos devolverá la tranquilidad. Para concluir su argumento, nos citó a un psicólogo amigo suyo: «Muchas veces creemos que los demás piensan, pero muchos ni piensan».

¡Ozú! Y tan cierto: la de veces que  concedemos virtudes a los demás porque damos por hecho que así debe ser. Y nada más lejos de la realidad. El que yo piense, no hace que los demás lo hagan. El que yo no haga daño, no evitará que me lo hagan a mí. Qué yo no tenga miedo, no impide que otro lo tenga y que yo no pueda entenderlo.

Ana, con un súbito, y discreto, ataque de ira, más que intervenir, irrumpió: ¡Pero!…  ¿Por qué tiene que ser así?

Serena, con una sonrisa casi maternal, Maribel nos miró a cada una y dijo:

― Why not?

Y nos fuimos a comer al Narizotas…

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Aviso

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Para los que me han preguntado por la emisión del programa Destino España en el que muestro mi pueblo, La Losa y algunas calles de Segovia, les informo que se emite el día martes 18 de enero a la hora de cenicienta, por la primera cadena de TVE…

Para los que no les sea posible verlo ese día y a esa hora, a partir del miércoles lo tendrán en la web del programa.

Espero vuestras críticas y comentarios… 😉

 

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Ay, Haití

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Una día de enero del 2010, sábado por la noche, recibí una llamada de Aurelio Martín. Recién le había conocido unos pocos días antes, durante la presentación de mis cuentos en Segovia.

Aurelio, periodista localmente mundial, de franca sonrisa, me pedía el contacto con Luis Eduardo Aute, para proponerle ser parte del concierto solidario «Ellos somos nosotros», cuyo objetivo era recaudar fondos urgentes para Haití. Me explicó que era una iniciativa popular y espontánea, pero totalmente apoyada por Pedro Arahuetes, el alcalde de Segovia.

Pensaron en Aute, porque le habían visto dando la cara por mi libro. Les pareció una persona cercana y, sobre todo, solidaria. No se equivocaron: en menos de diez días, fui a recoger a mí admirado amigo a la gasolinera que está a la entrada de la ciudad.

Nos recuerdo entrando al camerino. Eduardo estaba emocionado. Hacía mucho tiempo que no cantaba en la ciudad del acueducto y el Frontón Segovia estaba repleto de sus fans y de un montón de personas solidarias, cuya entrada sería destinada al fondo de ayuda para Haití.

Aquella noche, además, había una carga emocional muy especial en el ambiente: se había confirmado la muerte de Pilar Juárez, diplomática de la UE y conocida vecina de La Granja, a la que su propio hijo, recién llegado junto con su padre, desde Haití, rindió homenaje a su madre con música: una inesperada pieza llena de notas tristes, de esas que desgarran.

Mientras cantaba Rebeca Jiménez, la joven segoviana que se va abriendo un sólido camino en el panorama roquero nacional, nosotros intercambiábamos impresiones sobre lo que estaba pasando en Haití; lo que se sabía y lo que no se llegaba a contar. A Eduardo le preocupaba mucho poder hacer llegar ayuda efectiva. El concierto, para él, era el primer paso, pero ya se había puesto en contacto con otras organizaciones para colaborar. En eso estábamos, cuando llegó el marido de Pilar Juárez. Emocionado, le confío que ella había sido una gran admiradora suya y que, por eso, había insistido que fuera él, Aute,  y no otro, quien cantase esa noche.

Comenzó a sonar el grupo de Eduardo. Antes de salir hacia el escenario, como en los viejos tiempos aquellos en que hacíamos kilómetros de carreteras y despertábamos en cualquier hotel, nos abrazamos (un rito de camerino de los artistas, para que todo salga bien). Le desee el típico: «Mucha mierda, querido»… «Por y para ellos, nunca podrá salir mal» contestó.

Fue un hermoso concierto…

Un año después, los haitianos se han vestido de blanco para recordar a sus muertos. La Granja continúa su labor en Haití, manteniendo una procesadora de leche infantil, a modo de homenaje activo, y efectivo, a su desaparecida vecina. Muchas ONG´s siguen trabajando en la isla, pero nada es suficiente para resolver tantos años de olvido.

Mientras tanto, nos enteramos que la tan urgente ayuda ofrecida por los países desarrollados, proclamada en plena tragedia, cuando el desastre y los cuerpos de las víctimas llenaban las pantallas de los telediarios y las columnas de todos los periódicos, no ha llegado. No llegó. Y no se sabe si llegará.

Apenas un cincuenta por ciento de lo prometido ha ingresado a los fondos de ayuda. España es uno de los pocos países que ha cumplido con su compromiso solidario.

Ayer,  mi amiga Pilar Velasco nos compartió un vídeo que me ha emocionado tanto como aquel concierto… Lo he visto y re-visto muchas veces y tan sólo puedo decir: enhorabuena y gracias por la iniciativa, activa y efectiva,  de los colaboradores y trabajadores de la cadena Ser…

¡Ay, Haití!… Qué no te dejemos de oír…

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