Cuentos a medianoche

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Una de las afortunadas consecuencias de publicar un libro, son las entrevistas. Y  aunque te dan pánico los micros  -porque siempre te queda la sensación de haber dicho muchas tonterías y haber olvidado lo de verdad importante-, a todas dices que sí.

Así que ayer me fui a cumplir una visita a la periodista Yolanda Pintor, que dirige y presenta  La Buhardilla de Radio 5 (RNE). Con mucho cariño, me invitó a dejar el bolso, los formalismos, las frases hechas, etc., en el perchero. Me sentó a su lado…

Y cuando me quise dar cuenta, me había enredado en el programa de radio más bonito y emocionante de mi vida… ¡Muchas gracias!… Y mil más…

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la-buhardilla-radio-5Cuentos a medianoche en La Buhardilla radio 5 (RNE)

A fuego lento

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Una pizca de sal

A ver, señora jueza, usted me va a entender… ¿Sabe su señoría el tiempo que se lleva una en la cocina para hacer unos buenos pimientos rellenos?… Para empezar, hay que ir al mercado a escoger los más rojos y hermosos… (seguir leyendo…)

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Temporada de setas

A San Alejo de los Palotes

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Por un instante deseó ser pimiento rojo y pimiento verde.
Ser cebolla y sofrito. Ser patata bien cortada.
Sentir la levedad de un suspiro de pimentón. Romper las nubes hasta convertirlas en delicada lluvia de vino blanco que arrastrase hojas de laurel.
Ser sal y ser pimienta. Ser cayena que animase al paladar.
Quiso poseer la firmeza de aquellos níscalos, frescos y recién cortados.
Y dejarse fundir en el placer cocinado a fuego lento. Bullir a borbotones.
Quiso ser cuchara y entregarse plena al regusto de su boca.
Ser, en ese preciso instante, aquel humeante plato que él admiraba con tan hambriento deseo.
El mismo deseo que en ella estaba a punto de estallar.

Tuvo paciencia. Esperó al postre…

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Temporada de Setas

Temporada de Setas

Vanitas vanitatum omnia vanitas

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Reconoces lo que es la vanidad cuando te enteras que los Cuentos Chinos y Pizca de sal, han sido incluidos en  la «Lista de los mejores libros en 2013» de Google Play.

Ignoro cómo, por qué y cuál es el criterio para elaborar dicha lista. Lo cierto es que se siente «rebonito» (dirían allá en el rancho grande), ver que, entre los miles de títulos disponibles a lo largo del año, sean, precisamente, tus dos portadas las que sitian a Vargas Llosa…

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Los mejores libros de 2013 según Google Play...

Los mejores libros de 2013 según Google Play

Los hijos de la revolución*

Ernesto Che Guevara (1928-1967) y Fidel Castro (1926-...)

Ernesto Che Guevara (1928-1967) y Fidel Castro (1926-…)

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Aquella tarde se encontraron a tomar café el alma errante del comandante Che Guevara y el terrenal Fidel Castro. Hablaron de la crisis mundial, de los extraños cambios que estaba trayendo el nuevo siglo: ¡Hasta un negrito dirigiendo el imperio del capitalismo!, dijo uno de ellos. «Si Marx viviera»… −respondió el otro−. Y se echaron a reír como en los viejos tiempos.

    Pidieron otro café. Se preguntaron por sus vidas. El Che, puro en boca, le contó que la lucha de clases continuaba hasta en el infierno. Le confió que a los verdaderos revolucionarios los mandaban al cielo a modo de tortura. Fidel se estremeció, se imaginó sentado eternamente frente a San Pedro en un debate dialéctico acerca de las llaves del poder.

    La conversación transcurría en tono afable. Hablaron de mujeres «Tema zanjado para mí, compay» ― aseguró Fidel, a lo que el camarada Guevara respondió: «Pues, comandante, por mis rumbos hay muchas  compañeras entregadas a la causa…» – y sonrió pícaro dejando la frase sin concluir.

    El camarero dejó dos copas de ron. Fidel dio un giro radical a la conversación:

−¿Qué sabes de tus hijos?

−Pues poca cosa, camarada: Que ninguno siguió mis pasos por Sierra Maestra… Creo que ya soy abuelo…

−Es verdad, de tus siete hijos…

−¿Y de los tuyos, qué hay?

−Bueno, compay, esos me salieron de su padre y de su madre… Desde la que se fue para Miami a hablar pestes de mí y de la revolución, hasta el que recién han pillado enamorado de un tío por internet…

−¡No me jodas, compadre! ¿De verdad?,  le interrumpió el Che, divertido

−Pues sí, como te lo estoy contando: se enganchó a eso del internet y durante ocho meses estuvo de romance con una tal Claudia que resultó ser un Claudio cabrón… ¡el muy pendejo!…

Tras las risotadas, cayó un silencio sobre la mesa, que rompió el comandante Castro:

−¿Qué hicimos mal, Ernesto? ¿Por qué entregamos la vida para que nuestra gente viviera mejor y fallamos con los nuestros?

−Lo pienso a veces, camarada… No crea usted que no lo pienso. Fuimos capaces de hacer la revolución más importante del siglo XX. Hemos luchado por el bienestar de los hijos de nuestros pueblos. Hemos educado revolucionarios por todo el mundo. Guerrilleros que no dudaron en entregar sus vidas por los demás… Pero no fuimos capaces de educar a nuestros propios hijos… Cambiamos la vida de miles de personas y no fuimos capaces de cambiar el futuro de nuestras familias… Llevamos ilusión a miles de rincones mientras en nuestras casas se cenaba tristeza y miedo…

−La revolución conlleva sacrificios…

−Es cierto comandante, pero, ya ve, yo morí solo, en la sierra, sin saber a ciencia cierta cómo eran mis hijos, casi sin apenas haber hablado con ellos… ¿Y tú? ¿Morirás solo, con la espina clavada de una hija a la qué no volverás a abrazar, sabiendo que parte de su odio hacia ti es tu responsabilidad?… ¿En nombre de la revolución?…

El camarero se acercó a rellenar las copas, pero en esa mesa no se volvió a escuchar palabra alguna.

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* Del libro Pizca de sal, Trama editorial, 2012.

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