Microrrelato

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Llevaba toda la noche intentando redactar un cuento breve que le habían encargado, pero lo único que le venía a la cabeza era la página recién escrita en otra piel.
Tan sólo necesitaba ciento cincuenta palabras con las que jugar a sorprender al lector. Tras muchas horas, y muchas vueltas, lo único que fue capaz de hilvanar sobre el despiadado folio en blanco, fue: «Me urgen sus ojos. Necesito que me desnuden mil veces más».
Pero eso no le podía interesar a nadie. Ni siquiera a su corazón.
Asumió que no tenía nada que contar.
Con la certeza de que aún les quedaban muchos capítulos por garabatear a cuatro manos antes de que aquel olor impregnado en su memoria se desvaneciera, decidió esperar a que, en el inevitable factum de los desencuentros, aquello se transformara en el mero recuerdo de su cuerpo encajado contra el suyo.
Entonces, y no antes, conseguiría la medida exacta para ajustarse a la magnitud que requería un buen microrrelato.

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breve

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Tres años

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Porque nunca siempre tiene un principio.

Y siempre, siempre acaba.

Tres años se cumplen hoy,

De aquel absurdo siempre.

Y, aunque a veces parezca que me distraigo,

Es la memoria de mi piel

La que sigue invocando tu presencia

En estos, nuestros mares detenidos.

Tú, tan alto.

Y yo aquí, tan abajo.

Y tan sin ti…

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Desde tu Insula...Desde tu amigo Luis Alberto...
Carlos Álvarez-Ude (1953-2010)

(Re)ajustes IV

Hoy me he levantado con un monumental estado de mal humor. No creo recordar tal ánimo desde hace muchos meses. Refunfuñando,  me tomé un vaso de zumo y me fui a pasear a los perros. El frescor matinal, el ruido del campo y mi silencio, me ayudaron a ubicar mi malestar. La culpa, absurda, es tuya.

¿Por qué has venido a mitad de la madrugada y te has metido entre mis sábanas? ¿Para qué me has besado? No, no tenías porque abrazarme ni ceñirme a tu piel de esa manera tan tuya. Demasiado injusto que subleves mi sexo y seduzcas a la ausencia. Es muy cruel, querido, que enredes mis labios a la espalda de tu fantasma para que, en el momento menos lícito, me despiertes, de golpe, al lado de tu insoportable almohada vacía.

Es verano. Por la ventana, se cuela el contento ajeno. Muy a mi pesar, caigo en cuenta de que tu partida no sólo es un asunto de papeles, o de serenar los recuerdos. No es una simple cuestión de trámites, ni siquiera de agotar las lágrimas.

Se trata de un cuerpo, el mío, que hoy se despertó con la mala noticia de que, para estos juegos, tampoco estás…

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