El armario puede esperar

 

Ayer fue día de limpieza en mi armario.

Descubrí que tenía un montón de palabras sin usar.

Por ejemplo, Pasión, Amor y Tú despedían un agrio aroma a viejo de lo poco que las he usado en los últimos años. Están como nuevas. No quiero desterrarlas. Me gusta su corte clásico; la calidad de sus entretelas y lo guapa que me siento cuando las traigo puestas.

Me he prometido tratar de lucirlas más a menudo.

Le eché un vistazo a Futuro. Tengo la sensación de que se va encogiendo con el paso del tiempo. Voy a  hacerle un par de ajustes para ver si consigo que siga resultando  atractivo.

Muy al fondo, un montón de polillas habían hecho un nido sobre el Pasado. Un asco. Así que, junto con Ira, Duelo, Pesimismo y Tontería, quitando al Corazón que estaba por medio, las eché, sin más miramientos, al bote de la basura.

En cambio, con Alegría, comprobé que Amistad, de la misma hechura que Solidaridad, no ha perdido ni el color ni la forma. Igual que Ternura que, a pesar del frecuente uso −y, a veces, abuso− que suelo hacer de ella, sigue tan dulce y generosa como siempre. Hasta me atrevería a decir que ha mejorado su calidad.

A punto estaba de terminar, cuando se me apareció mi adorada Vagancia. Con ella soy débil. Demasiado, diría yo. Mira que llevo años tratando de confinarla en el olvido, pero es que me encanta como me arropa. Sin duda, está hecha a mi medida.

De hecho, desde ayer la traigo puesta…

 

 

Gustave Caillebotte (1848-1894)

Desnuda en el sillón,  Gustave Caillebotte (1848-1894)

Sueño de una noche de verano

 

Ven, arráncate la ropa.

Súbeme a tu cima.

Exorciza los demonios.

Húndete en mi sima.

Ven, ve, vuelve. Vamos.

Bebe hasta que te hartes.

Convoca, rezuma y sigue.

Desaparece, emerge, salta, aprieta.

Sobre todo, aprieta.

¡Ven, ven, ven!

(No estaría mal que,

Por una puñetera vez,

La ciencia f(r)icción

Se tornara realidad.

            O tres.)

 

 

 

Cartas de una monja portuguesa,  de Milo Manara

Caleidoscopio

Se trata de una mano azul descubriendo el misterio de una piel color ámbar.

Al roce, revientan áureos destellos que ciñen al purpúreo deseo.

Unos labios encendidos de arrebato carmesí, buscan. El verde de tus ojos, me encuentra.

Vuelvo a agitar el prisma…

 

 

 

Lecciones

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No pongas en mi boca palabras que nunca me enseñaste a decir: amor, pasión, nosotros.

Si acaso, nombra la ausencia.

(De esa, eres el mejor tutor.)

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Tutor(a).- 6. m. Caña o estaca que se clava al pie de una planta para mantenerla derecha en su crecimiento.

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