De compras

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− ¿Cariño, a dónde vas?
− A comprar un desodorante.
− ¿Y eso?
− Es que noto en el ambiente cierto aroma a matrimonio aburrido…

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Desodorant mate

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Píxeles

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Pues ahí estaba yo: rellenando el perfil, que más que perfil, parecía una ficha policial.

¿Altura? Pues 1,64 m. ¿Edad? Bueno, un par de años menos, ¡qué más da!: 42. ¿Color de pelo? Bueno, ahora lo tengo castaño, pero tengo ganas de un cambio: pelirroja.

¿Tatuajes? Un error de juventud: sí. ¿Aficiones? ¡Uf! Si digo que me gusta hacer ganchillo, pensarán que soy una antigua. Y si digo que me gustan las motos… Nada, lo normal: cine, lectura y pasear. ¿Quieres tener más hijos? ¡Pero si no tengo ni uno! Y si digo que sí, saldrán huyendo: No, no quiero.

¿Apariencia? ¿Esbelta, delgada, atlética, unos kilos de más? ¡Pero si todas tenemos unos kilos de más!

¿Te consideras muy atractiva, agradable de ver, solo atractiva, normalita?… ¿Qué significará “agradable de ver”?

¿Qué tipo de hombre quieres? Marca las casillas que se correspondan con tu búsqueda… ¡Pues puesta a pedir!: “Alto, atractivo, universitario, buena posición económica, sin cargas familiares, simpático, buen humor, inteligente, cariñoso, sincero, romántico, culto, con pelo, ojos claros, sonrisa agradable, que sea fiel y con disposición al compromiso”.

Tampoco es que pida mucho. Pues bien, ya está: perfil aprobado y activado. Allá voy… (seguir leyendo…)

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Publicado en “Los Relatos de Estío” del periódico Cuarto Poder.

Dos parcelas y un solar

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La verdad es que no tengo motivos para quejarme. Nuestra relación siempre ha sido muy buena. Nos gustamos, nos queremos, nos divertimos y, sobre todo, nos respetamos al máximo.
Sin palabras, pero de mutuo acuerdo, cada uno hemos ido acotando nuestro espacio personal sin molestar al otro. Que hay silencio de un lado, pues el otro pasa de puntillas. Que urge soledad, pues a volverse invisible. Cada uno con sus historias, con sus amigos, con sus llamadas o resolviendo sus propios sueños. No hay respuestas que esperar porque no hay preguntas que hacer. ¿Qué más intimidad que esa?
Pero para que la cosa funcione bien, es imprescindible encontrarse, con inmenso amor, en un punto común: nosotros. Y con nuestros amigos, y con nuestras noches y con nuestros te quieros.
Cuando alguno ha tenido la torpeza de transgredir el espacio del otro, porque, al fin y al cabo, es de naturaleza humana la curiosidad, lo hemos hablado, refiriéndonos a ello como la «parcela personal». Cada uno cuida la suya y ambos entendemos lo vitales que nos resultan para poder mantener el delicado equilibrio que precisa nuestra vida en pareja:  un hermoso solar que, con mimo, cuidamos entre los dos cada día.
No obstante, a pesar de tanta felicidad y consideración, y sin apenas darnos cuenta, nuestras parcelas se han ido expandiendo. Han ido floreciendo con grana distinta. Cual umbrías enredaderas, nos han ido cercando poco a poco. Tanto que, hace unos meses me dijo: «Necesito respirar un poco de aire fresco. Ahora vuelvo… ».
He pensado en llamarle, pero temo invadir su espacio…

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Milo ManaraMilo Manara