Olas

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I

Él sabe a mar.

                           Yo no sé nadar.

II

Soy más tuya que mía si de tu boca se trata.

(Luego, cuando te alejas, vuelvo a ser muy mía.)

III

Entre tu sube/baja y mi voy−vengo,

                                                                        habrá que esperar la próxima marea.

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Aquí, donde te pienso...
Aquí, donde te pienso…

Aviso

«Tan lejos de la piedad, como la queja –
tan frío a la palabra -como la piedra -…»
(Emily Dickinson)

 

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Me voy a fumar todo el tabaco que encuentre en el estanco. Me beberé toda la ginebra que me escondan.

Insomnes serán todos mis sueños. No volveré a probar bocado alguno.

Me alejaré del agua, del mar y de tus versos.

Luego, si me queda tiempo, me olvidaré de ti.

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Del libro Pizca de sal, Trama editorial.

Ajuste de cuentas (X)

Aquí estoy, en Llanes, con tu ausencia. Me ha dado por imaginar que en cada ola que se acerca a mojarme los pies, viene tu abrazo a secar la rabia. Es esta tristura que sigue sin querer entender, que ya no hay más tú y yo.

Te hemos dejado donde querías: en el punto exacto. El sitio del que tanto me hablabas y en el que me tejiste más de cuatro sueños. Aquí te quedas. Un denso polvo gris, volando contra el viento, luchando por diluirse en tu mar, extrañamente detenido, por un instante.

Luego, lluvia. (Aunque hay quién asegura qué eran lágrimas).

Bastó un momento para que tu urna quedara vacía. ¿Cuánto tiempo hará falta para vaciar este lamentable, y lamentoso, corazón?

Aquí se acaba nuestro ajuste de cuentas. A partir de ahora, la vida, mi vida, se tiene que re-escribir. No tengo respuestas aún para el ¿cómo?, ¿dónde?, ¿qué? … Supongo que será  el tiempo el que me ayude entender el sentido de tanto absurdo.

Mañana vuelvo a casa. Por favor, no me sigas…

Pd.- Me quedo tus versos.