Primera noche de invierno

 Sin límites la noche, pura,
despierta, sola,solícita al amor,
ángel de todo gesto…
(Idea Vilariño)

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La noche avanza hacia la hora de las pesadillas. Una mano se mete por debajo de su sueño.

Insolente, se desliza entre sus piernas. Toquetea sin el menor pudor. Su cuerpo se estremece, ajeno a ella misma.

Como en una vieja pianola, la mano que imagina, templa el ritmo. Va, viene, agita, provoca, moja.

Se rebela el último suspiro. No queda más vida en ese instante.

Está sola. El reloj marca cuarto para las tres.

 

 

Secreto de confesión

“Hay besos que se dan sólo las almas…”
(Gabriela Mistral)

 

Me ha dicho Morfeo

Que preguntas por mí.

Poco te puedo contar.

No me faltan los recuerdos.

De soledad, ando sobrada.

Ha sido un invierno seco

Que apenas ha mojado al árido deseo.

A veces, cuando se me colman las palabras,

Molesto a los amigos.

Para consuelos, al espejo.

He dejado de invocar a tu fantasma,

Que ahora yace tranquilo bajo la calma.

Cambié de casa, llegó un cachorro y

Mancillé unos cientos más de folios.

Notarás que la vida apenas ha cambiado. Sí,

Me olvidaba comentarte: he vuelto a soñar.

Como ves, de casi nada tengo todo,

Que es lo más cercano a ser feliz.

(Lo cierto es que, entre tú y yo,

Guárdame el secreto, por favor,

Lo único que me hace falta de verdad,

Son los besos.

                               Los tuyos.)

El beso, Gustav Klimt (1907-08)

Como los osos en invierno

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Cuando despiertes, y te levantes,

y veas tu cuerpo en ese espejo de amor,

acuérdate: te estoy mirando.

Obsérvate despacio,

estudia cada uno de tus poros:

me verás, seré «el testigo» de tanta belleza.

 

Vuelve a recordar:

qué poro es el que absorbe,

cuál el que aguarda.

 

Resulta ridículo que, «a estas alturas de la vida»,

vayamos a creer que todo esto es incierto,

una invención, sólo un sueño;

no lo es. Es simplemente vida.

 

Nunca me escondí,

fue que estuve en un letargo,

como los osos en invierno.

 

Los mares detenidos, Carlos Álvarez Ude

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De las pocas cosas buenas que podría contar de 2010, año fatal, es, sin duda, el recuerdo de tu cara llenita de sorpresa y  tu mirada de amor al sentir, por primera vez, Los mares detenidos entre tus esbeltas manos…

Nuestros sueños y tu cuerpo se rindieron a una batalla perdida de antemano… Más tus versos están muy vivos, aquí, conmigo, observándome cada poro…

¡Feliz eternidad 2011, cariño mío!

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