Temporada de setas

A San Alejo de los Palotes

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Por un instante deseó ser pimiento rojo y pimiento verde.
Ser cebolla y sofrito. Ser patata bien cortada.
Sentir la levedad de un suspiro de pimentón. Romper las nubes hasta convertirlas en delicada lluvia de vino blanco que arrastrase hojas de laurel.
Ser sal y ser pimienta. Ser cayena que animase al paladar.
Quiso poseer la firmeza de aquellos níscalos, frescos y recién cortados.
Y dejarse fundir en el placer cocinado a fuego lento. Bullir a borbotones.
Quiso ser cuchara y entregarse plena al regusto de su boca.
Ser, en ese preciso instante, aquel humeante plato que él admiraba con tan hambriento deseo.
El mismo deseo que en ella estaba a punto de estallar.

Tuvo paciencia. Esperó al postre…

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Temporada de Setas
Temporada de Setas

Deseo (El club de las canciones)

A Tocho…

Carta II

Estás lejos y al sur
allí no son las cuatro.

Recostado en tu silla
apoyado en la mesa del café
de tu cuarto
tirado en una cama
la tuya o la de alguien
que quisiera borrar
-estoy pensando en ti no en quienes buscan
a tu lado lo mismo que yo quiero-.
Estoy pensando en ti ya hace una hora
tal vez media
no sé.

Cuando la luz se acabe
sabré que son las nueve
estiraré la colcha
me pondré el traje negro
y me pasaré el peine.

Iré a cenar
es claro.

Pero en algún momento
me volveré a este cuarto
me tiraré en la cama
y entonces tu recuerdo
qué digo
mi deseo de verte
que me mires
tu presencia de hombre que me falta en la vida
se pondrán
como ahora te pones en la tarde
que ya es la noche
a ser
la sola única cosa
que me importa en el mundo.

Idea Vilariño,  (1920-2009)

º

Deseo simple…

De cuando deseas que el dolor desaparezca…

De cuando deseas un mundo mejor…

º

Diccionario de sinónimos y antónimos © 2005 Espasa-Calpe:

deseo

  • aspiración, ansia, afán, anhelo, apetito, pretensión, capricho, empeño, antojo, pasión, ambición, interés
    • Antónimos: desinterés, inapetencia, displicencia
  • intención, objetivo, proyecto

Una tarde de placer

Miras a través de la ventana. El sol se está ocultando. La habitación se queda en penumbra, apenas iluminada por el sutil toque de luz que ofrecen un par de velas. Estás inquieta. Aunque lo esperas, te sorprende. Sus manos tocan tu espalda desnuda. Te estremeces. La firmeza de sus dedos te derrota. Huele bien. Es cálido, suave. Disfrutas el sube y baja del placer deseado. Un ir y venir resuelto. Su respiración y la tuya se vuelven una. Te dejas llevar…

Cuarenta y cinco minutos exactos. No hay más. Detrás de ti, otra espera. Satisfecha, pagas la tarifa.

Es lo que vale un buen masaje…

 

* La idea se la robé a Ana San Romualdo, boca inagotable de historias…