Árbol Genia/lógico

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Siendo como es hoy,  22 de febrero,

Declaro que: yo tengo madre y hoy cumple años.

A su vez, mi madre tiene madre, aunque ella cumple en otro mes.

También tengo hermanas, que son dignas hijas de su madre.

Entre todas, compartimos abuela y madre. Unas más que otras.

No es por falta de cariño, si no por exceso de distancia.

Nuestros hijos también tienen madres. Y  abuela y bisabuela.

Y hermanos. Y hermanas. Y primos. Y tíos. Y tías. Y perros. Y gatos.

Así pues, siendo como es hoy, cumpleaños de mi madre -que también es hija y abuela-

Me sumo a todas, y cada una de sus ramas, para acariciar su corazón.

Te quiero, madre. Gracias.

.cumplemama

 

(Hoy también sería tu cumpleaños. Te imagino celebrando en la nube de los versos…)

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22 de febrero

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Hoy tengo tres cosas que recordar.

La primera, siguiendo la propuesta de Alberto Granados, es sobre D. Antonio Machado. Setenta y cuatro años ya desde que marchó.

En segundo lugar, y desde las entrañas, es recordarte a ti,  Carlos. Cariño, hoy tendríamos que estar aquí, juntos, celebrando tus sesenta años. No se me ocurre mejor regalo que éstos versos de D. Antonio.

La tercera, extraña coincidencia, es que hoy, también, es el cumpleaños de mi madre, gran admiradora de Machado y de Carlos.

Para ella, para la hermosa Margarita, que sigue aquí, tan viva y tan cercana. Siempre abrazando mis   malos momentos…

Los ojos

I

Cuando murió su amada

pensó en hacerse viejo

en la mansión cerrada,

solo, con su memoria y el espejo

donde ella se miraba un claro día.

Como el oro en el arca del avaro,

pensó que guardaría

todo un ayer en el espejo claro.

Ya el tiempo para él no correría.

II

Más pasado el primer aniversario,

¿Cómo eran – preguntó -, pardos o negros,

sus ojos? ¿glaucos?…¿grises?

¿Cómo eran ¡Santo Dios! que no recuerdo?

III

Salió a la calle un día

de primavera, y paseó en silencio

su doble luto, el corazón cerrado…

De una ventana en el sombrío hueco

vio unos ojos brillar. Bajó los suyos,

y siguió su camino…¡Cómo esos!

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mamá...
Mi hermosa madre…
Carlos...
Carlos, mi compañero de batallas…

Insomnios VII

Febrero 25, 2010.

 Hace cinco insomnios que no escribo: no tenía ganas. Cansada de no dormir, no he dormido. Al final, anoche, conseguí soñar un poco. Cuando el insomnio llega, no hay que echarlo, hay que hacerlo amigo. Así, tras cinco noches de duerme vela, ayer, por fin, llegamos a un acuerdo: se acostó sobre la almohada vacía y me dio la espalda.

            El 22 fue tu cumpleaños y el de mi madre, curioso que los dos sean del mismo día. Tú, 57, ella 70. Tú aquí, ella al otro lado del charco. Fue un cumpleaños extraño. Desde que estamos juntos, siempre te he organizado reuniones para celebrarlo. Pero, desde la última que organicé, hace ya tres años, esa que al final tuve que cancelar para convocar a los invitados en el hospital, ya no me atrevo a hacerlo más.

            Cuando se va a acercando la fecha, me invade cierto desasosiego. Recuerdo que el día 20 de febrero de 2007 te acompañé al médico a una visita rutinaria. No había ninguna razón en particular para ir, tan sólo tu analítica anual. Salimos de ahí, quince días después, pero tú ya no eras el mismo: te habían quitado un riñón y te habían emplazado para volver a qué te quitaran más pedazos de tu cuerpo. Te recetaron un kilo de pastillas de colores y se reservaron la sentencia que tú no quisiste escuchar.

            Curiosamente, desde el día 21 de este mes, llevas unos días muy malos. Es como si tu cuerpo recordase tan mal aniversario y no quisiera estar alegre. Trato de animarte. Te han llamado tus hijos. Tu hermano Luis vino a verte. Los amigos te han felicitado, pero no te brillan los ojos. Me tienes preocupada.

            Ese mismo día, recibí un correo de Maggie, mi amigocha del alma desde hace años. Ahora vive en París, felizmente casada con un hombre maravilloso. Me trajo un montón de recuerdos de una época de la vida en que las dos coincidimos y conseguimos salir vivas. Fue nuestra particular “movida”, tardía, pero natural en dos mujeres que, hasta entonces, sólo habían tenido que ir resolviendo la vida. Luego, yo me vine a España y te conocí y me quedé. Tú conociste a Maggie en Madrid. Recuerdo que tu dictamen fue: «Una mujer muy interesante y muy bella» Por aquel entonces ella vivía en Argentina y yo la echaba mucho de menos. Ahora está tan cerca y nosotros tan lejos. Se ha puesto triste cuando le he comentado de lo tuyo: quiere que te abrace y no te suelte. Te has reído cuando te lo he comentado y me has dicho «Pues a ver si le haces caso…»

            Y como los fantasmas nunca vienen solos, también me ha llamado Manolo, mi Manolo. Esa persona que siempre está en mi vida pero, por ello, nunca lo estará del todo. Me ha dado alegría escucharlo y prometernos, una vez más, vernos pronto. Tú me miras y aunque sabes perfectamente quién es, pones ese gesto de disimulo y esbozas tu sonrisa de «No estoy celoso…» Me enterneces…

            Por la madrugada me visita mi pasado, tan lleno de aventuras y de mágicas historias. Hago un recuento de anécdotas y de pasiones. «No hay sarao dónde no haya bailado», me digo. Pienso en todas las personas que me han sido y en los abrazos que he habitado; en los que he amado; los que me han llorado. En daños y facturas por pagar…

            Pienso en Bulevar y en aquel hombre que vestía una camisa muy bonita pero poco discreta, que tras unas gafas rojas, también, poco discretas, fingía leer el periódico mientras interrogaba a Nico, el camarero y amigo, para saber más de aquella mujer sentada enfrente suyo. «Es una amiga que acaba de llegar de México». «¿Y a qué se dedica?» necesitabas más información. «Pues trabajaba con Sabina» contestó y se fue a servir al otro lado de la barra.

            Te acercaste por la espalda y tu hermosa voz, dijo: «Hola, acabo de llegar de la feria del libro de México». Sorprendida,  te miré. «¿Tú quién eres?», respondí con desagrado ¡estabas interrumpiendo un momento crucial de mi charla con Daniela!  «Un extraño, como un pato en el Manzanares», sonreíste, canalla…

            De aquello hace ya ocho cumpleaños… ¡Felicidades!