Resaca de la buena, por Txetxu Barandarián

“7. Es extraordinario que fruto de la presentación alguien compre 9 ejemplares de golpe para regalo. Prometo que es verdad y, además, nos contó la historia…”

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Bautismo

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Algo escribió Luis Eduardo Aute en el prólogo de Cuentos chinos sobre «la irregularidad caótica justificada por el contenido» de mis cuentos. Yo agregaría que el caos, entendido como algo que sucede para desarmar el orden que uno se empeña, inútilmente, en conseguir, se extiende al resto de mi vida.

Les cuento esto, porque nunca se me habría ocurrido imaginar que la presentación «mundial» de mi último libro sería en Bilbao, ciudad muy especial para mí, y a la que regreso después de unos cuantos años, uno más otro menos. De hecho, por aquella época, nada más lejos que pensar en escribir un libro. Mucho menos cuatro. Esa primera vez, como siempre que he cambiado de país, ciudad, continente, fue por un amor. ¿Por qué sí no?

En este segundo viaje a la ciudad de las Siete calles, las cosas han cambiado. Un cúmulo de inesperadas circunstancias y felices complicidades canallas, encabezadas por Txetxu Barandiarán, me llevarán el próximo jueves 3 de julio a la Librería Cámara de Bilbao, para presentar «No hay tres sin dos» (Trama editorial), acompañada de dos impecables −e implacables−, padrinos: Manuel Ortuño, editor donde los haya, y  John Hemingway, que ha reconocido al «chamaco», con sus letras y apellido.

Y aunque todo lo anterior me hace muchísima ilusión, lo que más me inquieta es el encuentro con las tres madrinas de excepción: Beatriz Celaya, Elena Sierra y Noemí Pastor, que se harán cargo de «destripar» al bautizado.

Por cierto, por si se lo preguntaban, de aquel amor, solo quedaron un par de relatos. Aunque estoy segura que en esta próxima aventura, se van a consolidar otros amores… (y algún nuevo cuento…)

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Presentación Bilbao.

 

(Re)ajustes I

He vuelto, tres meses después,  al lugar del  “crimen”. Ese sitio tan hermoso, donde te tuve que decir “hasta pronto”.  Aunque había planeado ir acompañada, la verdad es que sentí una necesidad irracional de hacerlo sola.

Con tu partida, también se fue mi seguridad. Hasta para decidir si quería café o té, necesitaba de alguien que me aconsejara o, directamente, decidiera por mí. Toda aquella fortaleza, en la que te sentías tan seguro, se desmoronó el mismo día  en que te diluiste en tu mar. Entonces, no me di cuenta de aquello pero,  ahora, tras este primer trimestre de soledad, veo que el trabajo de reconstrucción resulta tan complicado como la ausencia.

(Anoche te eché muchísimo de menos. Así, sin más…)

El sábado por la mañana, emprendí camino para el norte. Dudé en ir a Lisboa o a Asturias. Pero, para nuestros fados, aún no estoy lista. Y me da rabia, porque bien sabes que amo esa ciudad.

El caso es que me perdí, nada raro en mí. Para llegar a Poo, primero llegué a Bilbao… Una extraña y larga ruta, pero me divertí. Me encantan los bares de carretera, con sus camioneros y sus bocadillos de lomo.

Di por hecho que, era mi in(sub)consciente dando rodeos para evitar llegar a su destino. Pero, ya me conoces, cabezota que soy: llegué. Tu cantábrico me recibió con un hermoso atardecer rojo.  “Aquí estoy, he vuelto”, te saludé. Enseguida se oscureció.

A la mañana siguiente, estaba nublado y lloviendo… ¿Llorabas?… Yo sí…

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