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Descuida, no estoy sufriendo.
Es sólo el poder de tanta ausencia…
(Los mares detenidos, Carlos Álvarez-Ude, 2010)

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La culpa fue de ese inesperado correo, el primero de la mañana. Me solicitaban algo tuyo. Como se trataba de un asunto que te haría sentir orgulloso, decidí buscarlo.

Me acerqué al baúl, el nuestro, ese que no conseguimos llenar. El mismo que lleva conmigo cuatro mudanzas y  dos nuevas vidas, sin abrir. Me hundí en él.

Ya sabes como soy: resultó inevitable mojar con sal más de tres recuerdos. Revolví todo. Me revolví toda.  No conseguí encontrar lo que me pedían.

Entonces, rabiosa de tanta ausencia, te pregunté: «¿Cariño, ¡dónde coño lo has guardado!?»

Bruce me respondió…

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Sí, los recuerdos pulga pican de tres en tres… Sin avisar.

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Ausencia

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No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia…
Antonio Vega

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Pues de ausencia hablamos

que constancia quede:

no solo es ausencia.

La presencia, ahora,

es total. Si cierro los ojos,

te veo. Estás en todo.

Tan solo el contacto falta:

palpar con las manos,

con los ojos ver sin presencia,

sentir esas cimas erizadas,

y no poder decir sima,

pues extensa es en el recuerdo.

 

Mundo toda ella se vuelve

y se disloca el sentido

intentando nombrarla.

 

Carlos Álvarez-Ude, Los mares detenidos, 2010.

 

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* Hoy, 1 de cotubre, tendríamos que celebrar el noveno aniversario “legal” de una vida que no fue, pero sigue siendo…

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Conjuro

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Te acabo de hacer el amor.
No, no eras tú, era la memoria
Convocando a tu presencia.

Me monté sobre tu imprecisa figura.
Subí, bajé. Bajé y volví a subir por tu/mí deseo.
A horcajadas, muy cerca del centro de gravedad,
Gravité, solista de una arrebatada danza.

Mis caderas te veneran, una vez más. Se agitan.
Conjuran tu ausencia.

Al final, como en toda ceremonia sacra, paz…
(Aparto la almohada…)

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Beethoven Frieze (detail), Gustav Klimt (1862-1918)

Beethoven Frieze (detail), Gustav Klimt (1862-1918)

 

El club de las canciones indignadas

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Indignación.

(Del lat. indignatĭo, -ōnis).

1. f. Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos.

Indigno, na.

(Del lat. indignus).

1. adj. Que no tiene mérito ni disposición para algo.

2. adj. Que es inferior a la calidad y mérito de alguien o no corresponde a sus circunstancias.

Me causa indignación…

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Un niño en la calle

Canta: Mercedes Sosa

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 La violencia contra la mujer

Malo

Canta: Bebe

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La injusticia

Marcha de Sacco y Vanzetti

Canta: George Moustaki

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La guerra del hombre contra el hombre per se

No more war

Canta: Bob Marley

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Tu ausencia…

Missing you

Canta: Tina Turner

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 Y me quedan un montón de canciones más en mi indignado tintero…

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Febrero

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“…Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía…”
Pedro Salinas

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Ha nevado. Hace frío.

Desde la ventana cuelga una cortina gris.

No. No estoy mal.

De hecho, estoy muy bien.

Pero a ti te ha dado por venir a visitarme

Esta madrugada.

Pronto será tu cumpleaños.

Otro más. Amanece.

Dejas una pregunta sobre la almohada.

Sí.  A veces, solo a veces, te echo de menos.

(Y de más en otros labios…)

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“Tú no parabas de dar. / De borrar todos mis miedos. / Desde tu casa flotante / se que has incendiado el cielo…”

 

 

Otoño colgada en la farola

 

 

I.-

Me gustaría volver a sentir miedo.

Por sentir algo.

 

II.-

 

Juro que no soy yo.

Es esta maldita murria que rompe

A llorar en cualquier esquina.

 

III.-

 

Insisto en convocar fantasmas.

No me quejo.

Para eso, ya están ellos.

 

IV.-

 

El juego consistía en amar mucho y llorar poco.

Quedamos tablas.

 

 

V.-

Para Jorge Galaso, su música y su buena letra…

 

En este tiempo en que estuve ausente

Nadie me echó de menos.

Ni siquiera yo me di cuenta

Que había dejado de estar.

Debe ser lo más parecido a vivir muerta.

(O colgada en la farola. Nadie mira.)

Nocturnidad

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De vez en cuando, como casi cada siempre, detener los mares -y las madrugadas-, para conjurar  ausencias. ..

º

º

Qc

…Temprano levantó la muerte el vuelo,

temprano madrugó la madrugada,

temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,

no perdono a la vida desatenta,

no perdono a la tierra ni a la nada…

Elegía, Miguel Hernández .

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La primavera es pelirroja

º

a Ruth Toledano, porque la quiero.

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El día de hoy entra oficialmente la primavera. Y llega como debe ser: una mañana soleada, alborotada por el ir y venir de los pajarillos que apuran sus nidos y sus mejores trinos de amor.

También hoy se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, un tema del que aún queda mucho recorrido por hacer.

En todo el mundo, los poetas celebran el Día de la Poesía, lo que me recuerda lo mal que he quedado con Norberto García Herranz, entusiasta y comprometido poeta y organizador del Día de la Poesía en Segovia. Este año me acercaré al teatro Juan Bravo y veré si puedo volver con el ejemplar del libro editado el año pasado y en el que se incluyen algunos versos de Carlos.

Curiosamente, hace ocho años, nos manifestábamos en la Puerta del Sol al grito de: NO A LA GUERRA. Hoy estamos siendo testigos, impasibles, del comienzo de una nueva intervención militar. Nos dicen que ésta tiene carácter humanitario. ¿Acaso no fue el mismo argumento utilizado en la guerra de Irak?  Las razones no han cambiado: el petróleo y los oscuramente claros intereses económicos, valga el oxímoron.

Pero, también hay un buen recuerdo. El 21 de marzo de 2003 tuve el privilegio de conocer a una mujer pelirroja natural en Madrid, lo que ya la hacia única en ese momento.

El encuentro fue en el salón de su casa en Chueca, ahumado, en ese momento, por muchos de sus amigos que también lo eran de Carlos, quien le había pedido prestado el «nido» a su mejor amiga. Cuál sería mi sorpresa al llegar ahí, yo con toda la vergüenza de quien se siente culpable por andar cometiendo pecado, y ver aquella fiesta tan divertida. Pensé «nuestro gozo en un pozo».

Más la sorpresa fue mayor cuando, a los diez minutos de nuestra llegada, aquella curiosa pelirroja llamó al orden y se llevó a todos sus invitados a otro sitio. Creo recordar que dijo algo así como: ¡Vamos, que estos chicos tienen que quedarse solos! Yo no entendía nada. «Esto en México no pasa», me dije. ¡Una cita de amor clandestino, de pronto, se había convertido en todo un suceso público!

Antes de cerrar la puerta de su casa, la hermosa pelirroja, que luego se convertiría en mi comadre (a la mexicana) en mitad de nuestra accidentada boda y, que a la fecha, considero cuasi una hermana, aunque nuestra historia es tan atípica como nosotras mismas, me plantó dos besos y me dijo: Te dejo el corazón rojo encendido…

Esa noche, a la luz del corazón rojo, Carlos escribió estos versos a modo de ofrenda. Hoy, 21 de marzo, ocho años después, los encuentro por demás significativos: la primavera, la guerra, la civilización, el amor, la ausencia…

La ausencia

Ahora mismo te estoy viendo

con esa expresión tan tuya:

un rictus en la boca

que significa.

Los ojos entornados,

mirándote el corazón,

pensando -poco- el sentimiento.

Y, de repente, la luz

que, aunque en el cielo poco le queda,

tú la pones, farola de la vida,

de toda nuestra vida.

Esos ojos rasgados

que miran del todo

y, aun pareciendo ausentes,

delatan ternura, pasión

que tú mereces.

Llegó la primavera

y nos sorprendió reunidos.

Sí, re-unidos, pues -estoy seguro-,

nos vimos en otra parte,

y el imán nos fue acercando

hasta el encuentro.

Dos mundos,

varias civilizaciones,

hicieron explosión.

No para la guerra,

sino para la ternura,

para escucharnos,

para acariciarnos despacio

y poder decir

que aún existe el respeto,

y, más que nada,

esa manera de estar completa

que significa amar,

amor.

No tengo palabras para despedirme. Sólo te guiño un ojo y, más tarde, te haré una caricia y te daré dos besos, que no son blasfemia ni derrotas, sino regreso a la inocencia perdida.

Bexos,

Carlex

(N.- Lo transcribo tal cual lo recibí)

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