Don Luis

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“Poros desde Villa Nikki. Yo esperándote en Poros. Ábreme los brazos, אל תעזבני: No me abandones. Salmo de David.”

Luis González de Alba, 2 de octubre de 2016. Su último mensaje.

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La primera vez que leí sobre el amor, la izquierda y la homosexualidad, todo en un mismo texto, fue gracias al escritor Luis González de Alba. Para mí, aquella lectura marcaría mi salida de la adolescencia y mis primeros pasos en los asuntos amatorios. Desde entonces, he seguido, y leído, cualquier cosa que publicara Don Luis. Sí, le llamo Don, porque era una especie de Padrino del desgarro amoroso, la conciencia política y los firmes principios de un exquisito caballero, aunque no siempre estuviese de acuerdo con él. Aún así,  yo lo he admirado siempre.

Esta mañana, 3 de octubre, después de un fin de semana complicado, lleno de recuerdos, (que celebré enviando unas flores a mi madre. ¿A quién sí no?), me despierto con la noticia de la muerte elegida de Luis González de Alba. Son las ocho de la mañana y me cuesta encajarlo. Pero la red, esa misma que me permitía ser “su amiga” en facebook, me lo confirma.

Leo que ha sido una decisión voluntaria, meditaba y organizada. En días previos, se había dedicado a poner sus cosas en orden. Deja arreglado todo lo relacionado a su obra, derechos y herencia. Y elige el significativo 2 de octubre,  cuarenta y ocho años después de haber sido líder del movimiento estudiantil, lo que le llevó a la cárcel, para despedirse de todos nosotros. Para que no olvidemos.

Por supuesto que la noticia me ha descolocado. Me entristece por lo que la ausencia significa entre los que nos quedamos aquí. Pero no puedo negar que, aunque me desazona, admiro su valentía y, sobre todo, su coherencia hasta el final.

Lo ha hecho en paz, discreto.Tan solo pidiendo que el amor, ese amor tan suyo, le abra los brazos…

¡Buen viaje, Don Luis!

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Esta es la última imagen que Luis González de Alba colgó en su facebook. Así quiere que lo recordemos. Así será, maestro…

 

 

 

Árbol Genia/lógico

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Siendo como es hoy,  22 de febrero,

Declaro que: yo tengo madre y hoy cumple años.

A su vez, mi madre tiene madre, aunque ella cumple en otro mes.

También tengo hermanas, que son dignas hijas de su madre.

Entre todas, compartimos abuela y madre. Unas más que otras.

No es por falta de cariño, si no por exceso de distancia.

Nuestros hijos también tienen madres. Y  abuela y bisabuela.

Y hermanos. Y hermanas. Y primos. Y tíos. Y tías. Y perros. Y gatos.

Así pues, siendo como es hoy, cumpleaños de mi madre -que también es hija y abuela-

Me sumo a todas, y cada una de sus ramas, para acariciar su corazón.

Te quiero, madre. Gracias.

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(Hoy también sería tu cumpleaños. Te imagino celebrando en la nube de los versos…)

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El Campo de las Cruces

 

¡Anda, Paco, ¿tú por aquí?!… ¿Qué tal estás?

– ¡Miguelón, qué alegría verte!… ¡Tanto tiempo!… ¿Sigues en el barrio?

– ¡Qué va! Ahora vivo en Lomas del Colesterol. Bueno, vivía. Los hijos se casaron y la casa de Villasana se nos quedó grande.  Y tú, qué tal, ¿cómo te va la vida?

– ¡Bah! ¡Un desastre! Bueno, al principio todo bien. Después de la mili, me casé y nos fuimos a vivir al barrio de la Glucosa, al piso de mis padres. Entré a currar en la fábrica de coches; mi mujer siguió llevando la tienda y los hijos en el colegio. Pero el chaval se nos torció. Comenzó a juntarse con los Triglicéridos y ahora está de ocupa en Peñacirrosis. Por su parte, la chavala se fue a vivir con el hijo de Pólipo,  ¿te acuerdas de él?

– Sí, hombre, aquél que tenía cara de estreñido, ¿no? Qué mala suerte, chico… Pues yo me divorcié y me eché una nueva novia…

-¡No has cambiado nada! Ninguna se te iba viva…  ¿Es guapa?

– Si la conociste en el barrio. Es la Próstata, con la misma mala leche de siempre…

– ¡Ah, sí, claro!… Bueno, guapa guapa no era… ¿Y cómo está?

– Pues más vieja y más maniática, si se puede ser… Pero ya me acostumbré a sus rarezas. Eso de ir tres, cuatro veces al baño cada noche, ¡mira qué me jode, pero no hay manera! … Y tú, ¿qué? ¿Qué fue de tu mujer? Tú sí que te llevaste a la más guapa, gandul…

– ¡Una santa, la pobre! Pese a la vida que le dimos los hijos y yo, ella nunca se quejó. Allá que iba al Parque de las Reumas para pasear a los nietos. Allá que volvía de Fuentepiojos,  para llevarle comida al colgado de su hijo. Y allí que estaba ella, para soportarme a mí. Hasta que un mal día, desapareció. Yo sospecho que se fue con la tal Fátiga Crónica, pues eran muy amigas, pero nadie me ha sabido dar razón. Desde entonces, yo estoy sufriendo mucho. Es como si me hubiesen arrancado el corazón. Hago cosas sin sentido, como la de esta madrugada que, lleno de desesperación, eché a andar hasta llegar aquí. Solo espero encontrarla pronto para quedarme en paz.

– Cuanto lo siento, amigo. Ojalá no tarde en aparecer.

– Muchas gracias, compañero… Y tú, ¿qué narices estás buscando por estos lares?

– Pues buscar, buscar, nada. Más bien, me encontraron. Es que hoy, poco después de comer, se me subió la sangre a la cabeza y todo me estalló. Y aquí que me han mandado, al Campo de las Cruces. Los muy doctos certificaron que, conmigo, ya no había remedio posible…

Y visto lo visto, mucho me temo que contigo tampoco lo hay. ¡Tamaño agujero te has abierto en el pecho, colega!

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Cleopatra

 

 

al poeta Antón Castro



“Tuvimos tiempo. Pero no el suficiente.”
(Liz Taylor)


Cuidado con ese momento en que el recuerdo te traicione y enmascare la nostalgía. Cuando lo amargo se transmute en imperioso deseo. Cuando lo feo se tiña de ensoñada belleza y la ausencia se troque en incómoda presencia.

Atento a ese instante en que te descubras añorando el infernal averno de aquella indeleble mirada.

De esa, y no de otra.

Entonces, justo en ese preciso instante, huye del teléfono más cercano como quien huye de la peste.

Házme caso, por tu bien, no escudriñes en las buenas intenciones. Recuerda que se envenenaron de palabras no cumplidas. No lo olvides.

Corre. Conjura la insensata tentación de volver atrás. No te detengas. Blasfema contra tus miles de demonios.

Porque es inútil, Marco Antonio, te lo aseguro. Ni yo, el mismísimo Burton, lo conseguí.

Los ojos de ella jamás cambiaron de color…

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