El Campo de las Cruces

 

¡Anda, Paco, ¿tú por aquí?!… ¿Qué tal estás?

– ¡Miguelón, qué alegría verte!… ¡Tanto tiempo!… ¿Sigues en el barrio?

– ¡Qué va! Ahora vivo en Lomas del Colesterol. Bueno, vivía. Los hijos se casaron y la casa de Villasana se nos quedó grande.  Y tú, qué tal, ¿cómo te va la vida?

– ¡Bah! ¡Un desastre! Bueno, al principio todo bien. Después de la mili, me casé y nos fuimos a vivir al barrio de la Glucosa, al piso de mis padres. Entré a currar en la fábrica de coches; mi mujer siguió llevando la tienda y los hijos en el colegio. Pero el chaval se nos torció. Comenzó a juntarse con los Triglicéridos y ahora está de ocupa en Peñacirrosis. Por su parte, la chavala se fue a vivir con el hijo de Pólipo,  ¿te acuerdas de él?

– Sí, hombre, aquél que tenía cara de estreñido, ¿no? Qué mala suerte, chico… Pues yo me divorcié y me eché una nueva novia…

-¡No has cambiado nada! Ninguna se te iba viva…  ¿Es guapa?

– Si la conociste en el barrio. Es la Próstata, con la misma mala leche de siempre…

– ¡Ah, sí, claro!… Bueno, guapa guapa no era… ¿Y cómo está?

– Pues más vieja y más maniática, si se puede ser… Pero ya me acostumbré a sus rarezas. Eso de ir tres, cuatro veces al baño cada noche, ¡mira qué me jode, pero no hay manera! … Y tú, ¿qué? ¿Qué fue de tu mujer? Tú sí que te llevaste a la más guapa, gandul…

– ¡Una santa, la pobre! Pese a la vida que le dimos los hijos y yo, ella nunca se quejó. Allá que iba al Parque de las Reumas para pasear a los nietos. Allá que volvía de Fuentepiojos,  para llevarle comida al colgado de su hijo. Y allí que estaba ella, para soportarme a mí. Hasta que un mal día, desapareció. Yo sospecho que se fue con la tal Fátiga Crónica, pues eran muy amigas, pero nadie me ha sabido dar razón. Desde entonces, yo estoy sufriendo mucho. Es como si me hubiesen arrancado el corazón. Hago cosas sin sentido, como la de esta madrugada que, lleno de desesperación, eché a andar hasta llegar aquí. Solo espero encontrarla pronto para quedarme en paz.

– Cuanto lo siento, amigo. Ojalá no tarde en aparecer.

– Muchas gracias, compañero… Y tú, ¿qué narices estás buscando por estos lares?

– Pues buscar, buscar, nada. Más bien, me encontraron. Es que hoy, poco después de comer, se me subió la sangre a la cabeza y todo me estalló. Y aquí que me han mandado, al Campo de las Cruces. Los muy doctos certificaron que, conmigo, ya no había remedio posible…

Y visto lo visto, mucho me temo que contigo tampoco lo hay. ¡Tamaño agujero te has abierto en el pecho, colega!

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Serial killer

 

 

Allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras…
(A mano amada, Ángel González)
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No fue un psicópata perverso. Tampoco un asesino múltiple empuñando un cuchillo. Ni siquiera se trató de un homicida accidental con pistola para la ocasión.
Mi sangre no se derramó, ni tuvo que romperme el cuello. No agonicé en un oscuro callejón, ni me descuartizó en un sótano maloliente.
Todo fue tan simple como arrancarme el corazón con un te quiero.
Los gusanos brotaron de inmediato.

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manaracorazón

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Lover killer

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A Juan <el guapo>, que propuso el reto…
Hace tanto tiempo ya…
 .

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Tan difícil le resultó ignorar su última frase como sencillo fue arrancarle el corazón.

«No soy de fiar», le aseguró hasta tres veces. Pero ella no le quiso creer. Insistió, convencida de poder florecer la aridez de su alma.

Rozando la muerte, con apenas un hilillo de voz, le alcanzó a citar un verso del poeta Jota López-Ude:

− «tú eres él que me haces tú / me matas»

¡Maldita impertinencia enamorada! ¿Por qué no le hizo caso cuando se lo advirtió?

Era la quinta vez en su mediana vida. Sintió correr el agua entre sus dedos mientras se iba diluyendo la sangre del cuchillo. Antes de guardarlo, secó con esmero el filo inoxidable que le mantenía a salvo. 

A salvo del tan temido sino de los amantes…

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Dexter...

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La Trama eterna

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** Calaveritas dedicadas a Trama editorial  y sus amigos…

 

En su mesa estaba Ortuño

Garrapateando inciertos textos

Con  empeño tan perverso que

A la Parca no sintió llegar:

«Ándele ya con la última errata,

Que le espera el cuadratín.

No se me preocupe, güerito.

Le aseguro -se lo juro-  que en la caja

No le van a faltar

Pruebas y galeradas pa´reparar.»

Sin soltar el rojo plumín,

Impasible, don Manolo se dejó llevar.

 

La Catrina siguió su camino

En busca de Manuel Gil.

Allá en el santuario de Santos

Rezando lo fue a encontrar.

Pero el viejo lobo la enredó

Con los datos del sector.

− Te ofrezco un nuevo paradigma.  Dame un año más y te mejoro la estadística, le ofertó.

La Parca, viendo cómo andaban las cosas, quiso negociar.

− Pero a cambio, a alguno me tendré que llevar…

Y pa´l norte la mandó.

 

Allá que se fue volando,

La Flaca en Ryanair,

Hasta dar con un tal Txexu, de apellido Barandiarán.

Lo encontró cambiando de tercio,

Copa en mano de Pacharán.

Y sin más aperitivos, pa´l panteón lo empaquetó.

¡Por SEUR, mándame por SEUR…!

Se escuchaba demandar al condenado.

 

Al querer volver

La Calaca con Albanta se topó.

− ¿A dónde vas, niña guapa?

−  A comer, le respondió.

Y hasta Visual que la siguió.

Tras probar las viandas de Yola,

Ninguna duda le quedó. Pa´l  agujero,

Al Sobrino, un tal Álvaro, se llevó.

En las catacumbas estaba haciendo falta

Un experto en dar la chapa. Y el melenudo la bordó.

 

Volvió la Parca en inglés cantando,

Con poco estilo y menos gracia.

A Iñigo García Ureta andaba buscando

Pues de su éxito y buena lente

Había escuchado mentar.

La flaca presumida una foto suya quería

Para perpetuar su eternidad.

Luego, como a todos, al hoyo lo fue a tirar.

 

Aburrida la Calaca,

Con muchas ganas de bailar,

Ante Daniela se presentó.

«Venga bonita, déjate ya de pedidos», le ordenó.

Y al panteón se la llevó.

«O me pones así de guapa como estás o

De la Trama eterna no saldrás».

 

Y entre Texturas y Tramas, la Parca

Con Maite se quedó a morar.

En el número seis de Blanca la de Navarra,

Hallarás la casa donde los vivos,

Y hasta los menos muertos,

Tequila en mano, por Barlovento

Se dejan llevar.

Con Ortuño padre, lord capitán.

Portland, de grumete digital.

Día de Muertos, 2012.

 

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N. de A.-

Las calaveritas literarias, antes llamadas “panteones”, surgen en el siglo XIX, a modo de epitafio burlesco. Aunque fueron motivo de censura por la policía de la época colonial, lo cierto es que la tradición sigue muy viva.  Sirven igual para hacer crítica política que para ensalzar a la familia, los amigos, los amores…

Las primeras calaveras impresas fueron publicadas en 1849, en el periódico El Socialista, de Guadalajara.

Los dibujos que suelen acompañar los versos son conocidos con el nombre de La Catrina o Calavera Garbancera, figura creada por José Guadalupe Posada y bautizada por el muralista Diego Rivera.

Segunda nota de autora: Han de disculpar los lectores, pero lo de rimar, versar y esas cosas, no es lo mío. Eso sí, están hechas con harto corazón…