Seis años Seis

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El gesto y la palabra

El papel en que te escribo
se hace pequeño, es un átomo.
Mis dedos sólo se prolongan
porque te escribo, y te describo
en la intuición, y se acuerdan de ti.

( Los mares detenidos, Carlos Álvarez-Ude, 2010.)

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Porque la memoria es la memoria, más allá de mí. Aquí estoy, endosando la palabra a tu recuerdo. Y echándote de menos. Siempre.

A los seis años de tu último vuelo.

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comidaprimos 033

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Década

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Hoy hace diez años. También fue un día soleado. Otoñal y con la misma claridad que tiene el día de hoy.

De allende el mar llegó la familia. Del otro lado de la sierra, la otra familia. De todas partes, los amigos. Una década ha pasado desde que nos hicimos comadres, comadre.

Uno a uno han pasado los octubres hasta llegar aquí, donde estas líneas se estremecen recordando aquella mañana en el ayuntamiento de El Espinar. Esa en que dijimos: “sí, pa´siempre y sí, pa´todo… ¡Vámonos recio!”

Ya no somos los mismos de esta imagen. Ya no estamos los mismos.

Pero nuestro siempre y nuestro todo sigue siendo hoy…

(No te preocupes Carlitos, estoy cumpliendo tu deseo: soy feliz. Sé que lo sabes.)

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El día que dije que sí...
El día que dijimos que sí…

Inbox

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Descuida, no estoy sufriendo.
Es sólo el poder de tanta ausencia…
(Los mares detenidos, Carlos Álvarez-Ude, 2010)

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La culpa fue de ese inesperado correo, el primero de la mañana. Me solicitaban algo tuyo. Como se trataba de un asunto que te haría sentir orgulloso, decidí buscarlo.

Me acerqué al baúl, el nuestro, ese que no conseguimos llenar. El mismo que lleva conmigo cuatro mudanzas y  dos nuevas vidas, sin abrir. Me hundí en él.

Ya sabes como soy: resultó inevitable mojar con sal más de tres recuerdos. Revolví todo. Me revolví toda.  No conseguí encontrar lo que me pedían.

Entonces, rabiosa de tanta ausencia, te pregunté: «¿Cariño, ¡dónde coño lo has guardado!?»

Bruce me respondió…

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Sí, los recuerdos pulga pican de tres en tres… Sin avisar.

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Un gintonic a tu memoria

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Cuatro años después, aquí sigo. Aquí seguimos.
Todo va más o menos bien. Hay poco que contarte.
Lo más reciente es que, al final me decidí, y he vuelto a vivir en Madrid.
Por otro lado, y aunque perjuré lo contrario, he escrito otro libro. Sí, lo sé, mis «nuncas» de siempre.
Me imagino que ya sabrás que algunos amigos tuyos se han marchado para seguir haciendo poesía al mismo sitio al que tú te adelantaste. Supongo que ya estarás verseando con Panero.
Una buena noticia es  que Ruth ha sido tía abuela de una hermosa niña. También se cambió de casa. Por mi parte, en los últimos tiempos, he hecho nuevos amigos y sigo tratando de conservar a los viejos, pero ya sabes que soy un desastre. Esperanza, tu «niña», está muy divertida. Daniela se fue a seguir sus sueños a Mallorca. Tus hermanos, uno cantando, el otro, viajando, como siempre. Manuel sigue siendo mi compadre, amigo y editor. No hemos dejado de cantar rancheras.
En fin, ya ves, todos seguimos empeñados con la vida.
¿Yo? Ya sabes, la misma. Sonriéndole al diablo, enamorada del presente y sin más futuro que lo que estoy tratando de escribirte ahora mismo, robándole un instante a la mañana para decirte que sigues tan vivo como siempre. Que aunque la vida, mi vida, se ha rehecho en otras calles, lo bueno y lo duro, no lo puedo, ni lo quiero, olvidar.
Ni en uno ni en cuatro años. Ni en siete vidas.
Y, aunque la espalda me siga doliendo, la ausencia, la tuya, por fin encontró su sitio en éste devenir de la vida mía. Escogió un buen lugar, a salvo de penas y tristuras. Un lugar amable, cálido, muy cercano a esa «extraña lasitud de la ternura»…
Quiero imaginar que tú debes estar muy bien, disfrutando de ese limbo privado para poetas que gustaban de los gintonics sin floripondios y que ahora están tan de moda por aquí. ¡Te daría un ataque si vieras esas copas llenas de gominolas, pétalos de flores y granitos de raras especias!
En fin, querido Carlos, ya para despedirme, quiero darte las gracias por andar revoloteando por ahí como un duendecillo invisible, ayudándome a desenredar las dudas y arropándome los miedos, mientras voy tratando de ser feliz.
No es fácil, tú lo sabes. Los años, los sueños y la puñetera realidad no ayudan. Se trata de aquello que solías citar de Cernuda sobre «la realidad y el deseo», lo que no termino de cuadrar.
Pero no te preocupes. Bien me conoces y sabes que seguiré «braceando a muerte» para no ahogarme en los mares detenidos de éste absurdo cuento que es la vida.

(A Carlos Álvarez-Ude, en el cuarto aniversario de su último beso.)

 

 

As time goes by

«Cuando despiertes y te levantes,
Y veas tu cuerpo en ese espejo de amor,
Acuérdate: te estoy mirando.»
( Los mares detenidos, Carlos Álvarez-Ude)

 

¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que llegue el tiempo de mejores tiempos? Siento pasar el tiempo que no se piensa ir.

Nuestro tiempo. No fue largo, ni breve. Tampoco fue lento, ni bueno ni malo: fue tiempo, simplemente. Nosotros fuimos los adjetivos. Él, el sustantivo epiceno que nos vio pasar.

Pero el tuyo se detuvo a contratiempo. Desde entonces, mi mal tiempo, y el tiempo por venir, le siguen dando vueltas al reloj. Y me consuelo con un «tiempo al tiempo», cuasi un atemporal oxímoron, al que supongo poderes curativos. Incluso, hay quien me asegura que, a su paso, obra olvidos.

Tiempo laso que apenas avanza. A des-tiempo in-justo para (re)nacer. El tiempo de ausencias, de lluvias, de rosas, de calor, de sequía. Invernal.  Tiempo muerto.

Hace tiempo. Cuánto tiempo. Vaya tiempo.  Pasado, presente y futuro: tiempos del verbo amar. Tiempo completo. Tiempo perdido. Día a día, voy haciendo tiempo, como si de una maleable plastilina entre mis manos se tratara, mientras espero a que se agote el tiempo.

Así, con apenas tiempo, yo quise parar el tiempo, pero tú seguiste andando.

De aquello, hace tiempo. Dos años justos, el día de hoy…

El 16 de abril de 2010, Carlos Álvarez-Ude, poeta y editor, soltó amarras y se pararon las olas
para facilitar el camino a sus naves: la de la poesía, la de la amistad, la del amor… In memóriam (Ruth Toledano, 2010)(leer más…)

Secreto de confesión

“Hay besos que se dan sólo las almas…”
(Gabriela Mistral)

 

Me ha dicho Morfeo

Que preguntas por mí.

Poco te puedo contar.

No me faltan los recuerdos.

De soledad, ando sobrada.

Ha sido un invierno seco

Que apenas ha mojado al árido deseo.

A veces, cuando se me colman las palabras,

Molesto a los amigos.

Para consuelos, al espejo.

He dejado de invocar a tu fantasma,

Que ahora yace tranquilo bajo la calma.

Cambié de casa, llegó un cachorro y

Mancillé unos cientos más de folios.

Notarás que la vida apenas ha cambiado. Sí,

Me olvidaba comentarte: he vuelto a soñar.

Como ves, de casi nada tengo todo,

Que es lo más cercano a ser feliz.

(Lo cierto es que, entre tú y yo,

Guárdame el secreto, por favor,

Lo único que me hace falta de verdad,

Son los besos.

                               Los tuyos.)

El beso, Gustav Klimt (1907-08)