Al margen de la red

.

Hace unas semanas decidí darme unas vacaciones de Facebook. Fue a raíz de una charla con un amigo que no solo se tomó vacaciones, sino que directamente cerró su cuenta. Y lo hizo ante el temor de quedarse sin amigos, de los de carne y hueso.

¿La razón? Ir descubriendo, entre posts y comentarios, lo que opinaban, y hasta defendían con vehemencia, sus amigos ante determinadas situaciones y que no se correspondía con la imagen que se había forjado de ellos/ellas a lo largo de años de amistad.

Se sintió superado por las furibundas reacciones ante sus propias opiniones; la intolerancia a discrepar de algunos o la complacencia de otros. Se dio cuenta que le resultaba difícil quedar a tomar una cerveza con ellos sin que salieran a relucir sus últimos comentarios en el caralibro y, por consiguiente, se sucediera una retahíla de reproches y resentimientos. Al final, volvía a casa con la sensación de haber perdido el tiempo, y a más de un amigo.

De pronto pasó de ser un tipo buen rollito a ser etiquetado como rojo por unos, conservador por otros. Insensible por no solidarizarse con ciertas causas. Bobo por sus gustos musicales. Demasiado intelectual por sus argumentaciones. Capitalista por sus vacaciones en Dubái y pobre, por haberse quedado en el paro… etc… etc…

Un buen día, un fallo técnico le dejó sin internet ni móvil, lo que le impidió, durante toda una mañana, su cita con las redes. Si bien al principio tuvo cierta angustia, esa desconexión le sirvió para reflexionar sobre las horas que invertía en mantenerse “enredado” en los muros de los demás. Pensó en que el  tiempo que invertía en quitarse los enfados, era inversamente proporcional al que había dejado de tener para salir a pasear, tomar café, sentarse en una terraza a leer un libro, llamar a la familia o ir al cine. Por no hablar de la privacidad que se había olvidado por el camino…

Siente, sin duda, que ahora vive más feliz y relajado. Queda con sus viejos amigos y siempre tienen muchas cosas que contarse. Ha sustituido la vida de los demás por varias películas interesantes. También está descubriendo un montón de sitios muy interesantes que han abierto en los últimos tiempos y de los que no tenía ni idea. Y, por si fuera poco, su dolor de espalda ha mejorado muchísimo, pues ya no vive con el cuello doblado sobre el móvil.

Me aseguró que vivir al margen de la red, es muy, pero que muy excitante…

Y no le sobraba razón a mi querido amigo: desde que no me conecto a la red azul camino más ligera. Del ánimo se me han ido problemas y angustias ajenas. De la cabeza, algunas malas ideas. Ahora, cuando quiero saber cómo están mis amigos, los llamo por teléfono y quedo con ellos. Y tengo que hacer el esfuerzo de recordar sus cumpleaños, porque no hay algoritmo que me lo diga. Es más, desde que no tengo facebook, me han llegado tres invitaciones en papel, con su sobre y su sello, como las de antes. De hecho, en cuanto termine con esto, me pondré a escribir una carta. Tengo pluma, papel y sobre.

Y tiempo…

.

conexión

2 comentarios en “Al margen de la red

  1. Y yo,me pregunto: ¿Quien te va a contestar este post? O al menos quien lo va a hacer con la inmediatez que nos permite el fb? La red es salvaje, incoherente a veces, insultante otras, y al que se enfade que coma ajos, que a muchos nos gusta cabalgar y por mucho que ladren no nos van a inquietar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s