La mochila

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Ayer, a propósito de unos textos que estoy transcribiendo, comentaba con MO que desde mi juventud no había vuelto a leer, ni a escuchar, términos como “dictadura del proletariado”, “la revolución de las masas”, “centralismo democrático”, “moral comunista”… Y es que el texto en cuestión tiene  mucho que ver con una ardiente defensa de la Revolución Cubana, allá por el año 1974.

Así, lo último que podría imaginar es que hoy me despertaría con la muerte de Fidel Castro. Es curiosa la vida.

Hace cuatro años que escribí “Los hijos de la Revolución”  (publicado en Pizca de sal, Trama ediorial),  un cuento en el que imaginaba un “diálogo imposible” entre Fidel y el Ché acerca de sus respectivos hijos. Y es que yo nací en, crecí con  y heredé la defensa de aquella revolución. Aún recuerdo a mi padre con su eterna sudadera de la bandera cubana. En mi casa familiar, Cuba era Cuba. Y punto.

Hoy, tras la triste noticia, tengo la sensación que, de pronto, me he hecho mayor. Fidel era la última referencia viva de mi infancia y juventud como activista revolucionaria, cuando la mochila la tenía llena de ideales, energía y sueños para cambiar el mundo. Hoy, la mochila se ha quedado vacía…

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El 25 de noviembre de 1956, zarpa de Tuxpan (Veracruz, México) el barco Granma rumbo a la revolución cubana. Fidel Castro eligió ese mismo día, pero de 2016, para zarpar a otro plano.
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