Conversaciones en cualquier terraza de verano (II)

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(Mesa a la espalda)

 
Él, el amigo desconsolado:      De verdad, tía, no sé que ha pasado. Todo iba tan bien y de pronto… ¡Nada!

Ella, la amiga que anima:          ¡Ay, amigo! A ver cuando terminas de entender que hay amores que matan y otros que ni salpican…

(Me habría gustado intervenir para pedirle que no olvidara a los que tan solo escupen…)

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(Mesa de enfrente)

 
Él:                  Disculpe, pero ésto no hay quién se lo coma. Está muy picante. ¡Es excesivo!

Camarera: ¿Sí? No se preocupe, ahorita mismo lo regreso a la cocina para que se lo regulen…

(Mientras la camarera se aleja con el plato, él y ella –y yo, desde mi mesa− cruzamos el pasmo de nuestras miradas, tratando de dilucidar bajo qué parámetros regularán el picante. ¿Servirán también para la pasión?)

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Lisboa
Lisboa, Nicolás Pasciecznik.

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N.de A.-  Así fueron, tal cual. MO, un testigo de excepción…

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