Microrrelato

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Llevaba toda la noche intentando redactar un cuento breve que le habían encargado, pero lo único que le venía a la cabeza era la página recién escrita en otra piel.
Tan sólo necesitaba ciento cincuenta palabras con las que jugar a sorprender al lector. Tras muchas horas, y muchas vueltas, lo único que fue capaz de hilvanar sobre el despiadado folio en blanco, fue: «Me urgen sus ojos. Necesito que me desnuden mil veces más».
Pero eso no le podía interesar a nadie. Ni siquiera a su corazón.
Asumió que no tenía nada que contar.
Con la certeza de que aún les quedaban muchos capítulos por garabatear a cuatro manos antes de que aquel olor impregnado en su memoria se desvaneciera, decidió esperar a que, en el inevitable factum de los desencuentros, aquello se transformara en el mero recuerdo de su cuerpo encajado contra el suyo.
Entonces, y no antes, conseguiría la medida exacta para ajustarse a la magnitud que requería un buen microrrelato.

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breve

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