Cuento fricción I

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El zorro

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Érase que se era un político muy honesto.

Tanto que, no dudó en confesar que él, y solo él, había saqueado las arcas del estado.

Sin rechistar, aceptó los ocho años de castigo que le impuso el juez. «Una condena ejemplar», aseguraron los medios.

Obediente, cumplió los primeros cinco. El resto los libró gracias a su intachable conducta.

El mismo día en que obtuvo su libertad, viajó hasta un lejano país para reencontrarse con su leal familia.

Al atardecer, mientras observaba el horizonte de libertad que se adivinaba en su futuro −una vez saldadas sus cuentas con la justicia− suspiró satisfecho. Nada se igualaba a la sensación de tener la conciencia bien tranquila.

¡Al fin podría disfrutar de todo nuestro tesoro!

Moraleja:

Si le pillan, no caiga en investigaciones.

Entre más rápido pague el delito, más rápido percibirá su deleite…

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Caras vemos, zorros no sabemos...
Caras vemos, zorros no sabemos…
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4 comentarios en “Cuento fricción I

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