Llamada perdida

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Ayer, mientras esperaba una llamada que nunca llegó, me di cuenta que tenía una llamada perdida que, por estar esperando la llamada que nunca llegó, devolví ya entrada la noche.

Siempre es una alegría, sobre todo si no estás en uno de tus mejores días,  saludar a un buen amigo desde hace un infinito de años, «mejor no hacemos cuentas», me dijo. Resulta que me llamaba para preguntarme si tenía algún plan para el domingo. «Pues no, ninguno», le respondí, convencida de que me propondría ir a comer o algo así.

En efecto, era «algo así». O algo más que así: era para invitarme a la gala de los premios Goya. ¡Y yo con estos pelos!, pensé. (¡Con la de amigas guapas que tiene este chico y me invita a mí!, eso ya lo pensó mi ego…)

Por supuesto que sí, encantada, acepté. Pero también le dije que me estaba haciendo una gran faena. No tengo disfraz para la ocasión. Estamos en crisis. Agenda en mano, a llamar a las amigas con «fondo de armario».

Adoro la solidaridad femenina. En menos de una hora, ya tenía el ajuar completo: vestido, abrigo, zapatos y complementos.

Luego, como no tenía mucha idea sobre esta gala, me puse a buscar información. Se entregarán veintiocho premios y un Goya de Honor, en esta ocasión para la actriz Concha Velasco. Las películas favoritas son, Blancanieves de Pablo Berger y Grupo 7, de Alberto Rodríguez.

Mi paisano mexicano, y excelente actor, Daniel Jiménez Cacho, es uno de los nominados. Fernando Trueba, con El artista y la modelo. Maribel Verdú, José Sacristán, Ángela Molina… También me enteré que estrenan un nuevo escenario, conducido por Eva Hache.

Por supuesto que esta edición no estará exenta de reivindicaciones. Se anuncian «tambores de guerra», en protesta contra los recortes al cine y la subida del IVA.

Y entonces caí en cuenta que, hace justo diez años, también estuve en la gala de los Goya. Entonces, la protesta fue contra la guerra de Irak. Aún, hoy, se habla de aquel memorable día. Fue en febrero del 2003. Yo apenas llevaba un mes en Madrid y, si ahora confieso no tener mucha idea de lo que se mueve tras bambalinas, entonces mi conocimiento era nulo. Fue un lujo inesperado haber estado ahí, en directo.

También recordé con cierta nostalgia como, mi amigo Nico el siciliano, me acompañó, en plan «personal shopper»,  a elegir el modelito para la ocasión. Gracias a su buen gusto, y a que era época de rebajas, pude asistir, divina de la muerte, con un vestido que me costó diecinueve euros…

Una vez más, ¡gracias vida!, estaré en una gala que se promete especial. Tan especial como la de hace una década. Y vuelvo a tener la suerte de verla en directo. Ya no como una «sin papeles», sino como una con muchos papeles escritos…

(Prometo contar los pormenores…)

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La moda es sueño, Museo Cerralbo.
La moda es sueño, Museo Cerralbo.
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2 comentarios en “Llamada perdida

  1. Manolo

    De ser yo, también te habría invitado. Además de guapa eres una deliciosa compañía. Lo sé, no me lo han contado. Diviertete y baila con el más guapo.
    Beso

  2. lena

    besoooos! …y no te preocupes, baila y rié mucho aunque den las doce… que el carruaje no es de calabaza, ni ratones son los botones =)
    TE QUIEROOOOO

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