Benicio lo vio todo *

Es imposible que finjas que nada de esto pasó. No mientas al decir que mis sueños no estuvieron en los tuyos. ¿No ves que aún no se ha calmado el temblor de las manos desmenuzando los besos? Aquí tengo las huellas de tus dedos marcadas en la piel.

No, no te creo que hayas olvidado mi lengua enredada en la tuya. Tu boca no puede haber disuelto mi sabor. Ni tus recuerdos, el aroma que emanaron nuestros cuerpos.

Imposible olvidar tu espalda desnuda apoyada en la pared cubriendo aquella foto que tanto me gustaba, mientras musitabas: «mmm… para… para… d… el Toro lo está viendo todo…»

 

La foto existe y así quedó…

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* de Pizca de Sal, Trama editorial (2012)

El armario puede esperar

 

Ayer fue día de limpieza en mi armario.

Descubrí que tenía un montón de palabras sin usar.

Por ejemplo, Pasión, Amor y Tú despedían un agrio aroma a viejo de lo poco que las he usado en los últimos años. Están como nuevas. No quiero desterrarlas. Me gusta su corte clásico; la calidad de sus entretelas y lo guapa que me siento cuando las traigo puestas.

Me he prometido tratar de lucirlas más a menudo.

Le eché un vistazo a Futuro. Tengo la sensación de que se va encogiendo con el paso del tiempo. Voy a  hacerle un par de ajustes para ver si consigo que siga resultando  atractivo.

Muy al fondo, un montón de polillas habían hecho un nido sobre el Pasado. Un asco. Así que, junto con Ira, Duelo, Pesimismo y Tontería, quitando al Corazón que estaba por medio, las eché, sin más miramientos, al bote de la basura.

En cambio, con Alegría, comprobé que Amistad, de la misma hechura que Solidaridad, no ha perdido ni el color ni la forma. Igual que Ternura que, a pesar del frecuente uso −y, a veces, abuso− que suelo hacer de ella, sigue tan dulce y generosa como siempre. Hasta me atrevería a decir que ha mejorado su calidad.

A punto estaba de terminar, cuando se me apareció mi adorada Vagancia. Con ella soy débil. Demasiado, diría yo. Mira que llevo años tratando de confinarla en el olvido, pero es que me encanta como me arropa. Sin duda, está hecha a mi medida.

De hecho, desde ayer la traigo puesta…

 

 

Gustave Caillebotte (1848-1894)

Desnuda en el sillón,  Gustave Caillebotte (1848-1894)

Infancia (El club de las canciones)

A mi madre y su buena mano…

La cosa comenzaba así: al rondar el mediodía, una hora antes de comer, más o menos, mi madre pegaba un grito convocante.

En menos de un minuto, mis hermanas y yo estábamos alrededor de ella. Sobre la mesa, cuatro copitas pequeñas de rompope. En la mano derecha de mamá, una cuchara. En la izquierda, una botella de la célebre –y odiada- Emulsión de Scott, el asqueroso aceite de hígado de bacalao.

Así pues, la que abría la boca sin rechistar y se tragaba aquella poción del demonio sin respirar (ese era el truco), era recompensada con la copita de la exquisita bebida del convento de Santa Clara.

Visto a la distancia, el intercambio no era malo.  Mi madre nos daba un complemento vitamínico, rico en calcio y fósforo, que contribuía a que los hijos salieran fuertes, sanos y listos, a la par que nos iba preparando el hígado para los tiempos futuros. Esos de mucho rock´n roll…

Luego, venía el momento “cuento en LP”… Un día nos tocaba escuchar “Pedro y el Lobo” con música de Sergéi Prokófiev. Otro, “El libro gordo de Petete” (teníamos toda la colección de libro-discos), o el Libro de la Selva… ¡Ah, me olvidaba de la joya de la corona!

¿Un cumpleaños infantil en casa? Bien…

Mercedes Sosa, María de Lourdes, Tehua, Óscar Chávez… No, no era la música que escuchábamos. Solían ser los invitados. Así que no resultaba extraño que alguno sacara la guitarra y amenizara el festejo…

Aunque también nos dejaban escuchar a Los Pitufos, a mi hermana Laura y a mí nos encantaban Les Luthiers, en especial ésta canción, que le causó algún disgusto en el colegio… Ellos también solían visitar nuestra casa cuando andaban de gira por México…

Lo mejor eran los domingos por la tarde, cuando mi padre nos ponía a…


Me di cuenta de que la infancia me abandonaba cuando descubrí a Luis Eduardo Aute. Un día apareció por casa su disco “Espuma”, era el año de 1975… Y desde entonces…