In memoriam

 

Cuando una recibe una pésima noticia en medio de un montón de malas noticias, estando a once mil kilómetros de distancia, un martes, y con una ola de calor sobre la cabeza, no puede más que sentirse en mitad del averno.

Así me sentí yo al leer que, una parte vital de mi historia personal, se adelantó en el viaje. Volver a México, ya no será lo mismo.

Ya no podré ver a Jorge, «Legorreta de padre, Gutiérrez de madre», me aclaró al poco de conocernos. Desde entonces, mucha sangre ha corrido. Treinta y pico años siguiendo nuestras vidas. A veces, cruzándolas.

En nuestro haber, haber sido camaradas, compañeros, amigos. A veces, algo más, y otras, algo menos. Pero siempre, cómplices.

La última vez que nos vimos, fue en noviembre de 2010, cuando estuve de promoción en el DF con mi primer libro. Nos citamos en una terraza del Parque México, uno de sus rincones favoritos. Nos acompañó su hijo Christian. En cuanto nos sentamos, le puse un ejemplar en las manos. Lo abrió, lo olío, y alabó «la exquisita edición».

Feliz de mí y de él, me comentó que aún conservaba el libro de poemas de Benedetti que le había regalado por allá del año ´80. «Cuando pienso en ti, lo busco y me voy a la página que, a modo de dedicatoria, dejaste escrita.», me dijo, mientras me exigía, aquella noche, que fuera más prolífica en palabras al firmarle mi propia obra.

Dos días después, había una cena para celebrar el aniversario de la fundación del PCM. Me invitó, «por los viejos tiempos, compañera».  Tiempos en que escuchábamos a José José, siempre a escondidas, como si de un gran pecado se trátase. O de bailar toda la noche al son de Pepe Arévalo, en su mítico Bar León… Como escribió Leduc, me dijo un día: Sabía virtud de conocer el tiempo… Jorge tenía la ilusión de poder recuperar el tiempo político que ya llevaba muchos años perdido.

Así, nuestra relación se prolongó en el tiempo. Desde aquel mitin en el cine Ópera, donde nos conocimos, pasando por una fractura de su pierna (¿izquierda?), en casa de sus padres, hasta su crítica oposición a mis rebeldes minifaldas de juventud, que, con el tiempo, se llegó a convertir en admiración por ellas. De su estancia en Alemania y su vuelta a México, años después. Me hizo partícipe de sus dichas y desventuras con sus grandes amores. Del nacimiento de su hijo. De su nombramiento como Delegado. Me contagió su pasión por la ciudad de México y de su proyecto para crear el museo sobre la misma. Nos escribimos mucho durante su estancia en Egipto, cuando fue agregado cultural en la embajada en aquel país. Le solía escuchar en la radio. Pero, sobre todo, lo visitaba en su pequeño despacho de la Casa del Poeta, su refugio.

Jorge era un romántico de la vida. Recuerdo que, a los pocos meses de haber sido nombrado Delegado de la Cuahtémoc, me citó en su inmenso despacho. Ahí, desde el otro lado de la mesa, me dijo: «¿Sabes la fortuna que podría yo ganar por estar aquí sentado, simplemente sentado, sin hacer nada de nada?» Pero él optó por hacer, y mucho. Así que no fue raro que, al poco, me aconsejase que, si recibía alguna llamada o visita rara, se lo hiciera saber. Por lo visto, a raíz de sus acciones, la gente cercana a él, se había vuelto vulnerable. Nosotros nos seguimos viendo.

Hablar con él, sobre todo de la ciudad, era un privilegio. Le encantaba descubrir nuevos datos y compartirlos. Luego, se iba a la universidad. Ser profesor le volvía a  la juventud, decía. Mostraba sus pequeños tesoros a quien quisiera verlos: planos antiguos, fotos, libros… También de eso hablábamos mucho: de literatura.

No, ya no será lo mismo…

 

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5 comentarios en “In memoriam

  1. Maggi

    La última vez que lo ví, fué en compañía de Perches y Ramón, otro que se adelantó y otro que se ha cansado en el camino. No fué una persona que tratara con asiduidad pero estaba presente en muchas situaciones. De los pocos que han sido leales y congruentes con la ideología que escogieron. 64 años! para mí es joven, decían los griego. los elegidos de los dioses mueren jóvenes.s

  2. Es tan difícil mirar hacia atrás , elegir un solo camino cuando es nuestro tiempo quien se aleja , la primera vez, la música de las palabras, tus poemas preferidos declamados condenadamente bien por un imbécil; así de cruel es la realidad que nos despierta cada mañana y nos recuerda que todos los amaneceres son bellos.

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