Sueño de una noche de verano

 

Ven, arráncate la ropa.

Súbeme a tu cima.

Exorciza los demonios.

Húndete en mi sima.

Ven, ve, vuelve. Vamos.

Bebe hasta que te hartes.

Convoca, rezuma y sigue.

Desaparece, emerge, salta, aprieta.

Sobre todo, aprieta.

¡Ven, ven, ven!

(No estaría mal que,

Por una puñetera vez,

La ciencia f(r)icción

Se tornara realidad.

            O tres.)

 

 

 

Cartas de una monja portuguesa,  de Milo Manara

(ab)Solución

Poco antes de morir, el condenado pidió perdón, en el siguiente orden:

A Don Pedro, el de la tienda de chuches, por haberle sisado durante diez años. Más o menos lo que duró su infancia.

A Martina, por haberle robado la inocencia, el bolso y la vida.

A su madre, por destruir con tanto empeño lo que ella consideró, alguna vez, la mejor obra de su vida.

 

In memoriam

 

Cuando una recibe una pésima noticia en medio de un montón de malas noticias, estando a once mil kilómetros de distancia, un martes, y con una ola de calor sobre la cabeza, no puede más que sentirse en mitad del averno.

Así me sentí yo al leer que, una parte vital de mi historia personal, se adelantó en el viaje. Volver a México, ya no será lo mismo.

Ya no podré ver a Jorge, «Legorreta de padre, Gutiérrez de madre», me aclaró al poco de conocernos. Desde entonces, mucha sangre ha corrido. Treinta y pico años siguiendo nuestras vidas. A veces, cruzándolas.

En nuestro haber, haber sido camaradas, compañeros, amigos. A veces, algo más, y otras, algo menos. Pero siempre, cómplices.

La última vez que nos vimos, fue en noviembre de 2010, cuando estuve de promoción en el DF con mi primer libro. Nos citamos en una terraza del Parque México, uno de sus rincones favoritos. Nos acompañó su hijo Christian. En cuanto nos sentamos, le puse un ejemplar en las manos. Lo abrió, lo olío, y alabó «la exquisita edición».

Feliz de mí y de él, me comentó que aún conservaba el libro de poemas de Benedetti que le había regalado por allá del año ´80. «Cuando pienso en ti, lo busco y me voy a la página que, a modo de dedicatoria, dejaste escrita.», me dijo, mientras me exigía, aquella noche, que fuera más prolífica en palabras al firmarle mi propia obra.

Dos días después, había una cena para celebrar el aniversario de la fundación del PCM. Me invitó, «por los viejos tiempos, compañera».  Tiempos en que escuchábamos a José José, siempre a escondidas, como si de un gran pecado se trátase. O de bailar toda la noche al son de Pepe Arévalo, en su mítico Bar León… Como escribió Leduc, me dijo un día: Sabía virtud de conocer el tiempo… Jorge tenía la ilusión de poder recuperar el tiempo político que ya llevaba muchos años perdido.

Así, nuestra relación se prolongó en el tiempo. Desde aquel mitin en el cine Ópera, donde nos conocimos, pasando por una fractura de su pierna (¿izquierda?), en casa de sus padres, hasta su crítica oposición a mis rebeldes minifaldas de juventud, que, con el tiempo, se llegó a convertir en admiración por ellas. De su estancia en Alemania y su vuelta a México, años después. Me hizo partícipe de sus dichas y desventuras con sus grandes amores. Del nacimiento de su hijo. De su nombramiento como Delegado. Me contagió su pasión por la ciudad de México y de su proyecto para crear el museo sobre la misma. Nos escribimos mucho durante su estancia en Egipto, cuando fue agregado cultural en la embajada en aquel país. Le solía escuchar en la radio. Pero, sobre todo, lo visitaba en su pequeño despacho de la Casa del Poeta, su refugio.

Jorge era un romántico de la vida. Recuerdo que, a los pocos meses de haber sido nombrado Delegado de la Cuahtémoc, me citó en su inmenso despacho. Ahí, desde el otro lado de la mesa, me dijo: «¿Sabes la fortuna que podría yo ganar por estar aquí sentado, simplemente sentado, sin hacer nada de nada?» Pero él optó por hacer, y mucho. Así que no fue raro que, al poco, me aconsejase que, si recibía alguna llamada o visita rara, se lo hiciera saber. Por lo visto, a raíz de sus acciones, la gente cercana a él, se había vuelto vulnerable. Nosotros nos seguimos viendo.

Hablar con él, sobre todo de la ciudad, era un privilegio. Le encantaba descubrir nuevos datos y compartirlos. Luego, se iba a la universidad. Ser profesor le volvía a  la juventud, decía. Mostraba sus pequeños tesoros a quien quisiera verlos: planos antiguos, fotos, libros… También de eso hablábamos mucho: de literatura.

No, ya no será lo mismo…

 

Duetos

Dos no caben en un poema.

Es preciso que uno se quede fuera

Para escribirlo.

¿Lo otro? Lo otro se llama canción.

“Duetos” es el tema de este mes en el Club de las canciones, propuesto por Juanky. Me han venido al recuerdo un montón de ellos. He escogido tres que, por diferentes motivos -y siempre el mismo- me gustan a rabiar…

Tema: Siempre hay un precio

Intérpretes: Luz Casal y Los Secretos

Tema: My Way

Intérpretes: Frank Sinatra y Paul Anka

Tema: Miserere

Intérpretes: Pavarotti y Zucchero

…Sono un peccatore dell’anno ottantamila
Un menzognero!
Ma dove sono e cosa faccio
Come vivo?
Vivo nell’anima del mondo
Perso nel vivere profondo…