Viento sureste

Se licenció de físico con honores. Gracias a ello, se hizo con una excelsa beca en la mejor universidad del viejo continente. Destacó como el mejor estudiante extranjero en el doctorado de Ciencias de la Atmósfera.

Trabajó duro hasta convertirse en el más reputado de todos los meteorólogos del país y países circunvecinos. En la televisión consiguió lo imposible: pasar de una simple intervención en el noticiero, de apenas treinta segundos, a tener su propio programa nocturno en horario prime time.

Justo es decir que su sonrisa, belleza y buena voz,  contribuían a mantener una generosa audiencia femenina. Eso sin contar con los hombres del campo que  tenían mucha confianza en sus predicciones. No se le recordaba fallo alguno.

Sin embargo, siempre hay un sin embargo, a pesar de su muy valorada precisión, el atinado hombre del tiempo era incapaz de prever lo que le esperaba en casa.

Por la luz que traspasaba la ventana, sospechó que esa noche cenaría siroco.

 

«El gregal es un noreste y allí no está Grecia; el siroco es un sureste y allí no está Siria; el lebeche es un suroeste y allí no está Libia; la tramontana es un norte y los montes están en todas partes (…) Pero en literatura el viento es una ficción. Por eso en cualquier latitud donde uno se halle, el gregal llegará de Grecia; el siroco, de Siria; el lebeche, de Libia, siempre que el viento sea una forma de poderosa locura que, unida a la marea del tiempo, al final te lleve a Ítaca.» (Texto tomado de Jon Kepa)

 

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4 comentarios en “Viento sureste

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