Caleidoscopio

Se trata de una mano azul descubriendo el misterio de una piel color ámbar.

Al roce, revientan áureos destellos que ciñen al purpúreo deseo.

Unos labios encendidos de arrebato carmesí, buscan. El verde de tus ojos, me encuentra.

Vuelvo a agitar el prisma…

 

 

 

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Pre-fijo

− Me siento desamado…

− No se dice así.

− ¿Y cómo es?

− Tendrías que decir: «no me siento amado», por ejemplo.

− Pues con, o sin ejemplo, yo me siento desamado… Y sentirse así no es lo mismo que no ser amado…

− Mira que eres necio, hombre… Desamado no existe…

− ¿Qué no?… ¡Mírame!

Cuarta planta

 

Lo malo de la mala espera es la cantidad de cosas que se pueden observar mientras avanza, impasible, el tiempo.

Eso es lo que hacía María, una vez más: contemplar a su alrededor.

Un radiante sol de primavera se colaba por la ventana de su habitación, cuando decidió que ella sería un cadáver de piel tersa.

Con las carnes firmes, y con buen olor, su muerte tendría la tez rosada.

A su boca no asomaría ningún rictus que afeara su sonrisa.

Deseo ser una muerta de muerte hermosa. De piernas ligeras, sin venas rotas.

No habría artrosis en sus manos, ni canas en su larga cabellera.

María decidió morir en paz.

Y así lo hizo, tras salir del hospital…

 

 

Adolescencia

Esta vez, el Club de las canciones me lo ha puesto muy complicado. Se me han ocurrido un montón de cosas para este post. Al final, revolucionadas mis nostalgias, me decido por este poema de Jaime Gil de Biedma. Traduce muy certeramente todo lo que me bulle.

Noches del mes de junio

                                                                                 A Luis Cernuda

Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.

(Jaime Gil de Biedma)

º

Para el apartado musical, lo primero que me vino a la cabeza, tras leer la propuesta de Juanky, fue, sin duda “Piel de Ángel” de Camilo Sesto.

Considerando que en mi casa se escuchaba, básicamente, música clásica y de protesta, Serrat más, Janis menos, para escuchar la música, digamos, popular, me tenía que ir a casa de los vecinos, que se despachaban a gusto con José José, Pedro Infante, Lola Flores y, por supuesto, con Camilo… Junté dinero de mis pagas para comprarme un disco de 45 rpm con el single. Lo tenía escondido entre mis libros del colegio y terminé, en uno de los actos más grandes de amor que he cometido, regalándoselo a mi primer novio: Fernando… De ahí, el segundo tema: Abba…

Lo cierto es que lo que escuchaba en casa me encantaba, aunque -como buena adolescente- me jodía reconocerlo delante de mis padres. Por algo era adolescente en ese entonces… ¿no?

Tema: Where are the flowers gone?

Intérpretes: Peter, Paul and Mary

Por último, lo que yo me he reído con este disco… Y lo sigo haciendo… Porque… ¿Alguna vez se acaba la adolescencia?

Tema:  El vals del segundo

Intérpretes: Le Luthiers

Viento sureste

Se licenció de físico con honores. Gracias a ello, se hizo con una excelsa beca en la mejor universidad del viejo continente. Destacó como el mejor estudiante extranjero en el doctorado de Ciencias de la Atmósfera.

Trabajó duro hasta convertirse en el más reputado de todos los meteorólogos del país y países circunvecinos. En la televisión consiguió lo imposible: pasar de una simple intervención en el noticiero, de apenas treinta segundos, a tener su propio programa nocturno en horario prime time.

Justo es decir que su sonrisa, belleza y buena voz,  contribuían a mantener una generosa audiencia femenina. Eso sin contar con los hombres del campo que  tenían mucha confianza en sus predicciones. No se le recordaba fallo alguno.

Sin embargo, siempre hay un sin embargo, a pesar de su muy valorada precisión, el atinado hombre del tiempo era incapaz de prever lo que le esperaba en casa.

Por la luz que traspasaba la ventana, sospechó que esa noche cenaría siroco.

 

«El gregal es un noreste y allí no está Grecia; el siroco es un sureste y allí no está Siria; el lebeche es un suroeste y allí no está Libia; la tramontana es un norte y los montes están en todas partes (…) Pero en literatura el viento es una ficción. Por eso en cualquier latitud donde uno se halle, el gregal llegará de Grecia; el siroco, de Siria; el lebeche, de Libia, siempre que el viento sea una forma de poderosa locura que, unida a la marea del tiempo, al final te lleve a Ítaca.» (Texto tomado de Jon Kepa)

 

Plaza Mayor

º

A la vuelta del trabajo, paré en la plaza. Eché un vistazo y me decidí por un manojo de caricias frescas que prometían un buen estofado al cuerpo.

Nada más llegar a casa, di buena cuenta de ellas. Sin más aderezo que mi extraviada hambre, bien habituada a los placebos.

Un par de horas después, mi proveedor de caricias −Ricki, creo que dijo− me dio las buenas noches, antes de cerrar la puerta tras de si.