Noche de Champions

«…Odio la plancha. El cubo y la fregona. Las sábanas limpias. Preparar el desayuno. Sacar la basura. Pensar en la comida. Sonreír al frutero. El café de la esquina. La camisa de mi jefe. No aguanto el tráfico. La lejía me marea. Igual que el insoportable aroma de la gente. Me irritan las voces de mis compañeras. Detesto el fútbol. Mi suegra es una foca. Los niños me molestan. Qué vieja me estoy haciendo…»

Terminó de mojarse la cara. Se miró al espejo. Lanzó un profundo suspiro. Se sonrió a sí misma. Le sentaban tan bien esos desahogos.

Pasó por la cocina, sacó dos cervezas bien frías y preparó un par de bocadillos. Dejó las viandas en la mesita del salón, justo a los pies de Juan, su marido, que ni se inmutó. Ella no se lo tenía en cuenta.

El pobre estaba muy ocupado en discutir las órdenes del entrenador de su equipo, mientras trataba de no perder de vista al árbitro. No era para menos: la mismísima Champions estaba en juego.

Abrió la lavadora…

 

 

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