Noche de brujas

Al despertar, estiró los brazos con la esperanza de que la sangre le volviera a la cabeza. Fue cuando sintió un bulto extraño a su lado. Palpó y cerró los ojos de golpe:

― ¡Por favor, qué sea una mujer!, rogó en silencio.

Hizo un esfuerzo por reconstruir los hechos de la última noche. Recordó a Juan, su mejor amigo, insistiéndole para ir de copas. No le valió decir que no, ni que se sintiera resfriado. Incluso, «con algunas décimas de fiebre», le aseguró.

Fue su primera salida, tras un complicado y desagradable divorcio que le había dejado tres cosas: un profundo desprecio hacia la traidora de Manuela, su ya exmujer legalmente; viviendo de alquilado en los suburbios, y con la cuenta de banco a cero.

¡Como para tener ganas de salir por ahí a conocer a otras pérfidas!, se repitió durante un año, a modo de excusa. Hasta  aquel sábado.

Sobre el cuarto gin tonic, recordaba haberse encontrado en el baño con Ricardo, un viejo colega, que le extendió un billete enrollado: ―Toma un poco de esto, que la noche es larga.

Eufórico, volvió a la barra y pidió la quinta copa, mientras otro de sus amigos les advertía: ― ¡Mirad el aquelarre de brujas que acaba de entrar por la puerta! …

Hasta ese momento, sus recuerdos eran claros. Luego, su consciencia hizo black out.

Volvió a implorar que aquello que parecía dormir a su lado fuera una mujer. Temía el peor de los finales. Se palpó el cuerpo: estaba desnudo y, al parecer, había hecho uso de su desnudez. Paseó la mano sobre la sábana compartida. Tocó una cabeza con el pelo muy corto y unas curvas que, por un instante, le hicieron evocar su vida de casado los domingos por la mañana.

Lo que fuera, estaba de espaldas a él. Respiró hondo y se atrevió a abrir los ojos mientras se incorporaba suavemente para no alertar a su acompañante, en un intento por ver su cara. Pegó un bote de muerte, que le llevó hasta el otro lado de la habitación, con un solo  y desesperado  movimiento.

Aterrado, gritó como nunca lo había hecho:

― ¡Diossssssssssss santo!… ¡¿Pero qué he hecho?!…  ¡No puede ser!… ¡Joder, joder, joder…!

Manuela, la bruja de su exmujer, se despertó sobresaltada…

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5 comentarios en “Noche de brujas

  1. xarbet

    Es que hay una diferencia notable entre una mujer y ella….la preguna subyacente es que hubiera pasado si hubiera sido el. Me lo pregunto a mi mismo, tan macho yo, Y no me se responder, al menos no lo se hacer honradamente, pienso que, si así fuera, que al menos fuera blandido, depilado, suave, amoroso…. como una mujer, vamos.

  2. No puedo imaginar un final más aterrador, Alejandra.

    Por motivos que no vienen al caso detallar, puedo ponerme en la piel del protagonista como si fuese propia y repito lo dicho, preferiría al portero albanokosovar de la discoteca. 😉

    Gran micro. Muy bien trazado y con un final de sonrisa.

    Un abrazo,

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