Rédito

 

Para mi hija Daniela, que espera un golpe de suerte…

 

Sí, el piso en el que vivo ha sido un golpe de suerte. Esas sorpresas que te da la vida y que, o las tomas o no las vuelves a ver. Claro que dudé muchísimo cuando vi el anuncio:

«Piso de 150m, en el centro de Madrid, al lado del parque del Retiro. Completamente amueblado. 150€ al mes, incluye gastos». Eso era imposible.

Di por hecho que se trataba de una errata, así que ni me molesté en llamar. Sin embargo, el anuncio aparecía día sí, día también. Intrigada, mandé un correo a la dirección indicada. Cuál no sería mi asombro al recibir la respuesta:

«No hay ningún error en el precio.  Si está interesada, se lo puedo mostrar el próximo jueves…»

Entonces, sospeché que se trataba de un timo o, peor aún,  de algún pervertido que atraía a sus víctimas con una oferta tan chocante, máxime con la que está cayendo. Pero, lo confieso, picó mi curiosidad: quería comprobar alguna de mis teorías.

Confirmé, por la misma vía, la cita para tres días después.

Luego, llamé a mi amigo Pedro ―dos metros y mucho músculo― y a su novia, Blanca, cinturón negro de karate, para que me acompañaran. Antes de salir hacia la dirección acordada, tomé la precaución de dejar santo y seña en casa de mi madre, en la mesa de mi jefe y en la mesilla de mi hermana.

El piso era extraordinario. Era la última planta de un viejo edificio señorial,  recién reformado, y  con los acabados más finos que uno se pueda imaginar. El salón lucía un inmenso ventanal desde el que se apreciaba una  espectacular vista de la ciudad. Los suelos eran de madera barnizada y pulida con esmero. Los muebles, simplemente, exquisitos.

Entrando y saliendo de cada habitación,  me sentía una especie de Cinderella colada en algún palacio. Por un segundo, me imaginé viviendo bajo esos  techos altos, arropada por sus delicados frisos. Hasta que me topé con los ojos verdes de la dueña de la casa.

Se trataba de una mujer hermosa que delataba una antaña juventud de belleza y buena cuna. Vestía de negro riguroso. Su rostro era una mezcla de dulzura y encono, a partes iguales. Constreñidos, sus labios parecían incapaces de sonreír.

― Señora, el piso es una preciosidad, pero no lo entiendo: ¿Ciento cincuenta euros mensuales?… ¿No le parece una locura?…

Discretos, Pedro y su novia  desaparecieron por algún pasillo. La dueña me indicó con su delgado brazo que me sentara en el mullido, e inmenso, sofá de plumas de oca. O, al menos, de eso pensé que debería estar relleno tan delicioso mueble. Ella hizo lo propio, sentándose justo enfrente de mí.

― Hay poco que entender, dijo casi en un susurro. Mira, ¿Julia?…

― Sí… Julia del Valle, le confirmé.

― Hoy hace un año que enviudé. Cuarenta años de matrimonio. Tres maravillosos hijos y cinco nietos. Un marido que hasta el último día fue un ejemplo de rectitud. Buen padre, buen marido, buen trabajador, buen amigo y… buen amante…

― ¿Un buen qué?, repliqué. Me parecía haber escuchado mal. Tal palabra no podía haber salido de su contenida boca.

― Sí, eso: un buen amante, repitió, frunciendo el ceño con aversión. Eso fue, querida. El día que se abrió su testamento, tras repartir lo que todos dábamos por hecho, al llegar a la última cláusula, apareció éste piso a su nombre y su póstumo deseo:

«Ha de arrendarse y el rédito de tal operación deberá ser entregado, con obligado cumplimiento, cada día cinco de mes, a Doña Aurora Montero, en justo reconocimiento a la mujer que entregó su juventud a mis tardes enamoradas durante los últimos treinta años. De ésta forma, dejo garantizada su manutención, que se verá seriamente afectada a consecuencia de mí deceso. También ordeno que le sea devuelto el reloj de oro que nunca me quité y que conservé en arras de tan noble amor»…

Y yo, que le quise tanto, cumpliré con su última voluntad… ¿Firmamos el contrato?

*Basado en una historia real que me contó mi madre hace muchos años…

Blues se escribe con blue

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«Este mes te toca a ti proponer el tema», me escribió Cristina.

La noche anterior a recibir su mensaje, había estado releyendo el poema de Charles Bukowski, El pájaro azul:

«… Hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.
Luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?»

 

Después de estos versos que hice míos,  no me fue difícil proponer «Azul» como tema del mes para nuestro club.

Al azul se le asocia, inevitable, con el color de la nostalgia. Curiosa paradoja la de un color primario que se crea a partir del rojo pasión y el verde esperanza, siempre a partes iguales.

El azul, o «ciano» en la etimología griega, significa cianuro en tiempos modernos. O veneno, angustia, incertidumbre en el corazón enamorado.

No, no es el color del amor, pero sí de la melancolía. Del azul cielo de los mares (de)tenidos. Del azul frío de la mirada azul que no nos ve…

Así que, para combatir la saudade,  vamos a comenzar con un poco de calor…

 

Canción: Zapatos de ante azul

Artista: Elvis Presley

¿Algo mejor que un fado para sentir en azul?

Canción: Mar Azul

Artista: Cesaria Évora

Blues se escribe con blue…

Canción: Azul de cierto azul

Artista: Real de Catorce

Por último, dedicada en especial a mi querida Cristina, la incansable promotora del Club de las Canciones…

Canción: La de la mochila azul

Artista: Pedrito Fernández

 

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¡Qué hippie!

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Hace pocas semanas asistí a  una charla de Eduardo Mendoza a propósito de su libro “Riña de gatos” (Planeta, 2010). Entre un montón de cosas interesantes y divertidas que contó, hubo una que me llamó la atención en especial: «En mis inicios me presenté –como todos los que comenzamos a escribir-  a todos los premios literarios. Por fortuna, nunca me dieron ninguno». Me quedé meditando en el asunto. Yo, como muchos más, he enviado más de tres obras, sin resultado alguno. Debe ser que los premios llegan cuando tocan, concluí.

Y me vienen al recuerdo esas palabras, al enterarme de que a mi querida Ana Borderas le ha sido concedido el Premio Nacional de Periodismo Cultural 2011. Un premio que lo tiene más que merecido y que, para fortuna de ella,  le llega en muy buen momento.

Cuando la llamé, (según ella, la primera persona que lo hizo en ésta mañana tan especial), me sentí  tan emocionada como la recién premiada. Me soltó, con ese tono tan poco discreto que la caracteriza: «estoy en mitad de la calle, llorando de la emoción. ¡Qué hippie lo que me está pasando!». Y yo me la imaginé, en plena Gran Vía, a la puerta de su oficina en la cadena SER, dando voces de alegría.

Curiosamente, el sábado pasado estuvimos comiendo unos tacos en el centro de Madrid y hablamos de los premios en general. Recién acababan de conceder uno a los informativos de RTVE. También mencionamos a los premios Ondas e incluso, derivamos, como no, a los premios literarios.

La culpable del tema fue mi hija cuando le preguntó a Ana si sabía cuándo fallaban el premio que hoy le han concedido. «Es el lunes» respondió ella.  «¿Te imaginas que te lo dieran a ti?», le preguntó Daniela.  Ana la miró como si le hablara en chino y se pidió un café… Hoy me contó que la “preguntita de la niña”  la dejó muy inquieta el resto del fin de semana.

Fue hace dos años, por estas fechas, cuando nos conocimos por teléfono. Ella me quiso hacer una entrevista, la primera para mí, a propósito de mis Cuentos chinos… Yo estaba muerta de miedo y, para disimular, le comencé a hablar de comida mexicana… Poco después, fue vernos las caras al sabor de una cochinita pibil, para sabernos cómplices. El tequila hizo el resto…

Desde aquí, mi queridísima Borderas, una vez más: ¡Enhorabuena!

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Datos biográficos

Ana Borderas (Eibar, País Vasco, 1962), licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, es directora del programa cultural La Hora Extra de la Cadena SER. Inició su trayectoria profesional como redactora en Radio Vitoria. En 1985 se incorporó a Onda Madrid donde fue jefa de programas y se ocupó durante 4 años de la organización y presentación de los premios de cine que otorga esta emisora. En 1992 se une a los servicios informativos de la Cadena SER. Lleva 13 años al frente del programa cultural La Hora Extra, que el año que viene cumple su vigésimo aniversario.

El Jurado del Premio Nacional de Periodismo Cultural

El Jurado ha estado compuesto por Jacinto Antón y Fabricio Caivano, galardonados en las ediciones de 2009 y 2010 respectivamente; Emilio González, designado por la Asociación de Periodistas Culturales de Andalucía; Elsa González por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España; Álvaro San Román, por la Asociación de Revistas Culturales de España; María Jesús Casals, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas; Manuel Marlasca, por la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión de España; Luis María Ansón por la Real Academia Española; Xosé Ramón Barreiros, por la Real Academia Gallega; Arantxa Urretabizkaia, por la Real Academia de la Lengua Vasca; Joaquim Puyal i Ortiga, por el Instituto de Estudios Catalanes; Juana Castro, por la Asociación de Críticos Literarios; Ada Castells, por la Asociación de Periodistas Culturales de Cataluña; y María Silveiro, por la ministra de Cultura. Ha actuado como presidente el director general de Libro, Archivos y Bibliotecas, Rogelio Blanco; como vicepresidenta la subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Mónica Fernández y como secretaria, Teresa Atienza, jefa del Servicio de Promoción Exterior.

(Datos biográficos e imagen extraídos del blog: La aventura humana.)

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