Infancia rota

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Tengo el maldito vicio de sintonizar el radio nada más abrir los ojos. Es como si necesitara asegurarme de que el mundo ha seguido girando durante mi ausencia nocturna. No olvido que mi otra mitad habita al otro lado de esta mitad.

Acostumbrada a las malas noticias, más no por ello, menos preocupada por la situación en Túnez que ha contagiado de valentía a los egipcios, hartos ya de autocracias y sucesiones paterno filiales.

Muy inquieta por el futuro de mi hija, de los jóvenes, de nuestra vejez: porque todo se vuelve uno, escucho que «será muy difícil resolver el problema del paro». Mientras, se fuerzan los unos y los otros, al más puro estilo de una lonja, en las negociaciones sobre los años de cotización: unos piden cuarenta, otros treinta y ocho. «Que digo yo que treinta y nueve…  No se puede, mi jefe dice treinta y ocho y punto… Bueno, ni tú ni yo: treinta y ocho y medio…»

Una jubilación que, de momento, mi hija, licenciada universitaria, no podrá cubrir. A sus veintiséis años está en el paro (y sin muchas esperanzas de un milagro) así que, para cuando cumpla la edad de retirarse, no habrá cubierto los años cotizados exigidos. Pienso en cómo ayudarla. Ni dinero ni trabajo le puedo dar, ando más bruja que ella: a mi me congelaron la «beca» y me subieron el tipo de imposición, por lo que tengo que devolver un 12,8% mensual. Es decir, he perdido un 12% de poder adquisitivo. El 0.8% me lo «revalorizaron».

Pienso entonces que, las que van a hacer un buen negocio, como siempre, serán las entidades que nos ofrecen irresistibles planes de pensiones. Hace unos cuantos años, le suscribí uno a mi hija, a modo de legado práctico: «Esto es lo único que te quedará de mí», le dije muy solemne… Caigo en cuenta que, tal acto, cobra más sentido que nunca: mi hija será una rica heredera cuando se jubile ¡tendrá una pensión!

En fin, en eso estaba, cuando llegó la peor noticia. La de cada cinco días. La que no varía la estadística. La noticia por la que ningún responsable político exigirá cuentas en el congreso ni acusará al ministro de justicia de incompetente. La noticia que demuestra, dos veces más, que algo falla con la ley contra la violencia de género. La noticia que engrosará la lista macabra de 2011. La de las víctimas anónimas, que no son concejales ni personajes públicos. Las que apenas se notan.

Dos mujeres han muerto en las últimas veinticuatro horas. Una, con 82 años, a manos de la escopeta cargada por su marido, que luego se suicidó. La segunda, una joven madre de 34 años, tratando de separarse de quien le asestó diez puñaladas en el abdomen. Al parecer, las historias siempre son las mismas, pero nunca iguales.

Lo que no hay derecho, de ninguna manera, señores ministros, políticos, autoridades, sociedad, es que, al volver de la escuela,  sea una pequeña niña de nueve años la que tenga que descubrir el cadáver de su madre asesinada por su padre.

¿Quién, y cómo, le vamos a ayudar a ésta tercera víctima inocente a sujetar los trozos de su infancia rota, testigo involuntaria de tan macabra escena?

TELÉFONO DE ATENCION A LAS VICTIMAS DE

VIOLENCIA DE GÉNERO: 016

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8 comentarios en “Infancia rota

  1. Llevas un 101% de razón. Me he preguntado mil veces qué mecanismo puede existir en la cabeza de un maltratador, de un asesino machista. Qué supuesta superioridad, qué desprecio por la mujer, qué fuerza bestial, qué pulsión puede llevar a un hombre adulto (que se supone que debe tener algo de autocontrol) a descargar su ira contra la mujer a quien dice amar…. y matarla con tal saña.
    Que me lo explique alguien. Una vez lo hicieron en una sala donde estábamos unas cuarenta personas: se demostró que allí, por estadísticas había al menos 4 maltratadores. Nos mirábamos unos a otros con ojos de “Yo no, yo no.” Me pregunto si sería verdad, si allí habría alguno…

    1. Alberto, esa me pregunta me la llevo haciendo desde hace mucho tiempo. Es un tema que me gustaría investigar, aunque resulta my complicado.
      Tal como dices, uno de cada cuatro hombres (y mujeres, porque también hay que decirlo) puede resultar un maltratador(a) en potencia y, lo más probable, es que lo vemos cada día, igual en la puerta de al lado o en el trabajo o en los ojos de las mujeres tristes…
      Reitero, una mujer maltratada no puede pedir ayuda, la está esperando.
      Tenemos que estar más atentos y tratar de detectar los gestos que piden esa ayuda. Quizá, así, entre todos, consigamos parar tanta violencia.

  2. josefina

    -ERES MI MUJER Y ME DEBES RESPETO
    -ESA AMIGA TUYA TE COME EL COCO
    -ES UNA ZORRA, A SABER SI TE ACUESTAS CON ELLA
    -NO, NO PUEDE PONERSE AL TELEFONO…LUEGO TAMPOCO
    -YA SE QUE ES TU CUMPLEAÑOS, PERO ELLA NO VA A IR
    -ME HAS DESTROZAO LA VIDA, Y LA DE TU HIJO TAMBIEN
    -ERES UNA GOLFA, QUE CIEGO HE ESTADO
    -TU Y TUS “AMIGUITOS DE INTERNET”
    -NO QUIERO QUE HABLES CON ESA GENTE….

    HAY MUCHAS MAS COSAS, MAS FRASES HIRIENTES….MIENTRAS, TU ESTAS HECHA UN OVILLO EN EL SOFA, MIRANDO AL VACIO…..

  3. Lo peor de todo es que la solución es la EDUCACIÓN, y no se está educando como se debe. EN los jóvenes hay más violencia de género que en la generación que ahora tenemos 30-40 años. Pero claro si oyes al alcalde de Valladolid hablar de los morritos de la ministra y cosas así….

  4. Un consejo, tal y como está el patio. Con la que está cayendo, nada más despertarte, ponte un poco de música o algo que sea de reirse, ya despues te pones la radio de noticias, vas a tener todoas las horas por delante para sufrir.

    Por cierto, tengo un amiguete, que hace seguros de jubilación y planes de pensiones, para los que lo vean tan negro.

  5. len

    …problema de educación? si. Nos educa(mos) “para” el amor y no “en” el amor; y los caminos “para “el amor son tan imbrincados como imbrincadas son las historias íntimas de cada uno y de cada familia, que te perfilan en el que debes ser para lograr pertenecer… Por de pronto, NO NOS ACOSTUMBREMOS a que “así es el amor”, “así es la vida”, “así son los nuevos tiempos”. <>
    Alita, gracias por el texto; me lo llevo prestado.

  6. No es por quitarle hierro al asunto, pero la mujer de 82 años no es un caso de violencia de género, aunque no sé cómo podríamos llamarlo. Resulta que sólo había una bala en la escena del crimen. Todo indica que el hombre se ha suicidado de un tiro que le ha atravesado y la bala ha terminado matando a su mujer por accidente, mientras intentaba impedir que el hombre se matara. Triste…

  7. Pingback: Mujeres muertas « Alberto Granados

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