Compatibilidad(es)

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ºA las chicas de La Losa…

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–         Recuerdo el día que nos presentó tu amiga: me pareciste la tía más sosa y tonta que jamás había visto… Y algo fea…

–         ¡Pues anda que tú!… Al verte entrar por la puerta, pensé: ¿Pero, y éste de qué va?…  ¡Pisabas como si el mundo no te mereciera!

–         Ya… Pues menudo corte me diste cuando te invité a cenar: «Es que no me gustan las berenjenas y prefiero el Ribera», me escribiste en el mensaje… Y mírate ahora, tres años después, no paras de comer berenjenas y de beber Rioja…

–         Bueno, peor es lo tuyo: ¿Cómo olvidar lo malo que eras en la cama?… Es acordarme y me gana la risa: él, tan seguro, tan guapo, tan sobradito, tan «todo esto es pa´ti» y eras una verdadera patata en la cama… Menos mal que algo has aprendido…

–         ¿Una patata?… ¿A quién pretendías excitar con tus bragas matapasión?

–         Bueno, tampoco iba preparada para la ocasión. Lo último que me podía imaginar era que me liaría contigo esa noche, ni cualquier otra…

–         ¿No?… Entonces, ¿por qué aceptaste cenar conmigo?…

–         ¡Hombre! Para ver si ya parabas de llamar: ¡quince veces en cuatro días!… Para ser tonta y fea, insististe mucho…

–         ¿Y lo de venirte a mi casa?

–         La verdad es que no tenía otra cosa mejor que hacer… Además, Baco ya había hecho su trabajo…

–         ¡Bruja!… Yo también te quiero…

–         Y yo más…

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Infancia rota

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Tengo el maldito vicio de sintonizar el radio nada más abrir los ojos. Es como si necesitara asegurarme de que el mundo ha seguido girando durante mi ausencia nocturna. No olvido que mi otra mitad habita al otro lado de esta mitad.

Acostumbrada a las malas noticias, más no por ello, menos preocupada por la situación en Túnez que ha contagiado de valentía a los egipcios, hartos ya de autocracias y sucesiones paterno filiales.

Muy inquieta por el futuro de mi hija, de los jóvenes, de nuestra vejez: porque todo se vuelve uno, escucho que «será muy difícil resolver el problema del paro». Mientras, se fuerzan los unos y los otros, al más puro estilo de una lonja, en las negociaciones sobre los años de cotización: unos piden cuarenta, otros treinta y ocho. «Que digo yo que treinta y nueve…  No se puede, mi jefe dice treinta y ocho y punto… Bueno, ni tú ni yo: treinta y ocho y medio…»

Una jubilación que, de momento, mi hija, licenciada universitaria, no podrá cubrir. A sus veintiséis años está en el paro (y sin muchas esperanzas de un milagro) así que, para cuando cumpla la edad de retirarse, no habrá cubierto los años cotizados exigidos. Pienso en cómo ayudarla. Ni dinero ni trabajo le puedo dar, ando más bruja que ella: a mi me congelaron la «beca» y me subieron el tipo de imposición, por lo que tengo que devolver un 12,8% mensual. Es decir, he perdido un 12% de poder adquisitivo. El 0.8% me lo «revalorizaron».

Pienso entonces que, las que van a hacer un buen negocio, como siempre, serán las entidades que nos ofrecen irresistibles planes de pensiones. Hace unos cuantos años, le suscribí uno a mi hija, a modo de legado práctico: «Esto es lo único que te quedará de mí», le dije muy solemne… Caigo en cuenta que, tal acto, cobra más sentido que nunca: mi hija será una rica heredera cuando se jubile ¡tendrá una pensión!

En fin, en eso estaba, cuando llegó la peor noticia. La de cada cinco días. La que no varía la estadística. La noticia por la que ningún responsable político exigirá cuentas en el congreso ni acusará al ministro de justicia de incompetente. La noticia que demuestra, dos veces más, que algo falla con la ley contra la violencia de género. La noticia que engrosará la lista macabra de 2011. La de las víctimas anónimas, que no son concejales ni personajes públicos. Las que apenas se notan.

Dos mujeres han muerto en las últimas veinticuatro horas. Una, con 82 años, a manos de la escopeta cargada por su marido, que luego se suicidó. La segunda, una joven madre de 34 años, tratando de separarse de quien le asestó diez puñaladas en el abdomen. Al parecer, las historias siempre son las mismas, pero nunca iguales.

Lo que no hay derecho, de ninguna manera, señores ministros, políticos, autoridades, sociedad, es que, al volver de la escuela,  sea una pequeña niña de nueve años la que tenga que descubrir el cadáver de su madre asesinada por su padre.

¿Quién, y cómo, le vamos a ayudar a ésta tercera víctima inocente a sujetar los trozos de su infancia rota, testigo involuntaria de tan macabra escena?

TELÉFONO DE ATENCION A LAS VICTIMAS DE

VIOLENCIA DE GÉNERO: 016

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Aviso

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Para los que me han preguntado por la emisión del programa Destino España en el que muestro mi pueblo, La Losa y algunas calles de Segovia, les informo que se emite el día martes 18 de enero a la hora de cenicienta, por la primera cadena de TVE…

Para los que no les sea posible verlo ese día y a esa hora, a partir del miércoles lo tendrán en la web del programa.

Espero vuestras críticas y comentarios… 😉

 

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Ay, Haití

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Una día de enero del 2010, sábado por la noche, recibí una llamada de Aurelio Martín. Recién le había conocido unos pocos días antes, durante la presentación de mis cuentos en Segovia.

Aurelio, periodista localmente mundial, de franca sonrisa, me pedía el contacto con Luis Eduardo Aute, para proponerle ser parte del concierto solidario «Ellos somos nosotros», cuyo objetivo era recaudar fondos urgentes para Haití. Me explicó que era una iniciativa popular y espontánea, pero totalmente apoyada por Pedro Arahuetes, el alcalde de Segovia.

Pensaron en Aute, porque le habían visto dando la cara por mi libro. Les pareció una persona cercana y, sobre todo, solidaria. No se equivocaron: en menos de diez días, fui a recoger a mí admirado amigo a la gasolinera que está a la entrada de la ciudad.

Nos recuerdo entrando al camerino. Eduardo estaba emocionado. Hacía mucho tiempo que no cantaba en la ciudad del acueducto y el Frontón Segovia estaba repleto de sus fans y de un montón de personas solidarias, cuya entrada sería destinada al fondo de ayuda para Haití.

Aquella noche, además, había una carga emocional muy especial en el ambiente: se había confirmado la muerte de Pilar Juárez, diplomática de la UE y conocida vecina de La Granja, a la que su propio hijo, recién llegado junto con su padre, desde Haití, rindió homenaje a su madre con música: una inesperada pieza llena de notas tristes, de esas que desgarran.

Mientras cantaba Rebeca Jiménez, la joven segoviana que se va abriendo un sólido camino en el panorama roquero nacional, nosotros intercambiábamos impresiones sobre lo que estaba pasando en Haití; lo que se sabía y lo que no se llegaba a contar. A Eduardo le preocupaba mucho poder hacer llegar ayuda efectiva. El concierto, para él, era el primer paso, pero ya se había puesto en contacto con otras organizaciones para colaborar. En eso estábamos, cuando llegó el marido de Pilar Juárez. Emocionado, le confío que ella había sido una gran admiradora suya y que, por eso, había insistido que fuera él, Aute,  y no otro, quien cantase esa noche.

Comenzó a sonar el grupo de Eduardo. Antes de salir hacia el escenario, como en los viejos tiempos aquellos en que hacíamos kilómetros de carreteras y despertábamos en cualquier hotel, nos abrazamos (un rito de camerino de los artistas, para que todo salga bien). Le desee el típico: «Mucha mierda, querido»… «Por y para ellos, nunca podrá salir mal» contestó.

Fue un hermoso concierto…

Un año después, los haitianos se han vestido de blanco para recordar a sus muertos. La Granja continúa su labor en Haití, manteniendo una procesadora de leche infantil, a modo de homenaje activo, y efectivo, a su desaparecida vecina. Muchas ONG´s siguen trabajando en la isla, pero nada es suficiente para resolver tantos años de olvido.

Mientras tanto, nos enteramos que la tan urgente ayuda ofrecida por los países desarrollados, proclamada en plena tragedia, cuando el desastre y los cuerpos de las víctimas llenaban las pantallas de los telediarios y las columnas de todos los periódicos, no ha llegado. No llegó. Y no se sabe si llegará.

Apenas un cincuenta por ciento de lo prometido ha ingresado a los fondos de ayuda. España es uno de los pocos países que ha cumplido con su compromiso solidario.

Ayer,  mi amiga Pilar Velasco nos compartió un vídeo que me ha emocionado tanto como aquel concierto… Lo he visto y re-visto muchas veces y tan sólo puedo decir: enhorabuena y gracias por la iniciativa, activa y efectiva,  de los colaboradores y trabajadores de la cadena Ser…

¡Ay, Haití!… Qué no te dejemos de oír…

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Internet

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A Luis X

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Estaba harto de su jefe. No había manera de hacerle entender que con el uso de las nuevas tecnologías y, en concreto, con las infinitas posibilidades que brindaba internet, se podría aligerar la tremenda carga de trabajo que se encontraba depositada sobre su mesa, y en las enormes estanterías que convertían su oficina en una insoportable celda de castigo.

 

Pero no, ahí estaba el viejo gruñón, fiscalizando siempre por encima de su hombro. Mientras tanto, cientos de miles de vidas, de singulares historias que precisaban respuestas, se iban acumulando en el limbo de la eterna espera.

 

Con lo fácil que sería juntar a los interesados a través de páginas como loveonline.com o pasion.net o, incluso, que la misma oficina construyera su propia web: almas.org, por ejemplo. En ella podrían ingresar sus nombres, nicks, fotos, gustos, esperanzas… El motor de búsqueda haría el resto.

 

¡Ay! La de karmas que quedarían resueltos en una sola vida y no en cinco, que era lo que él tardaba, vida más vida menos, en organizar los encuentros y las rectificaciones…

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