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Ocho años es mucho tiempo para volver o irse a ningún sitio. Es el tiempo que tardé en volver a México. Casi los mismos años que nos tuvimos.

Son ochenta kilómetros los que hay entre Madrid y el pueblo, distancia suficiente para no poder evadir la cercanía de las fiestas navideñas: la carretera está atascada de coches a una hora en la que ya no debería haber más de tres despistados como yo.

Me viene a la cabeza la imagen del tatuaje de la querida Ruth. “El ocho, el infinito”, me dijo el día que se lo descubrí.

A nosotros nos faltó uno para llegar a ocho. Fueron siete las navidades que pasamos juntos, tú y yo. Siete años nuevos que comenzamos al sabor de un zumo de naranja que distrajese la resaca de las últimas uvas. Siete roscones en día de reyes. Siete regalos que busqué para sorprenderte. Siete obsequios que me diste y que podría enumerar. Siete cumpleaños para ti y otros tantos para mí.

Recuerdo como contabas, ufano, que te bastaron siete minutos para convencerme de casarme contigo. En realidad, te sobraron siete, querido.

Desde la radio, Bruce me sorprende cantando «In my dream my love is lost… Back in your arms, again»… Una vez más, the Boss me ciñe a tu recuerdo.

Hago un rápido recuento: llevo ocho meses dando vueltas por el mundo sin poder parar, en un viaje de ida y vuelta sin sentido, pero, siempre, volviendo a la misma ausencia. Son los meses que nos faltaron para sumar.

Porque, ocho, es un tiempo infinito para dejar(te) de amar… Y menos en estas fechas…

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4 comentarios en “8

  1. ¡Ay¡ El ocho, chulo como pocos, que cuando se tumba se convierte en infinito, par y simétrico, revolondo y con los michelines en perfecta armonia con su cintura de avispa. Besos, que seas muy feliz en el 2011 y que se note.

  2. Rafael

    Siete, ocho… hermosísima reflexión Alejandra. Nunca entendí por qué en la Biblia siete era el equivalente a mucho o muchísimo (hasta setenta veces siete, se dice como queriendo indicar que no hay número mayor). A mi siete me parece poco, muy poco; pero también setenta; quizás la clave esté en ese infinito, que no hay que entender como muchos años, sino como algo diferente, como eternidad; una eternidad que se puede alcanzar en tan sólo siete minutos, incluso en el instante que precedió a esos siete minutos.
    Muchos besos, mi querida Alejandra.

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