La mesa de al lado

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–          ¿Podrías callarte por un momento?

–          Sí, supongo que sí.

–          Pues eso, calla de una vez.

–          Vale, me callo…

–          ¿Lo ves? Te pido que te calles y no paras de hablar…

 

Pedro le sonrío.

 

–          ¿Ahora qué?… ¿No dices nada, no?…  ¡Es que no puedo contigo, hombre, qué no paras!, se lamentó Lola.

 

Pedro hundió la boca en la manzana. Su mujer quería evitar la noche, pero él no pensaba regalarle tal placer.

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2 comentarios en “La mesa de al lado

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