Texto leído en el homenaje a Carlos Álvarez-Ude en Poo de Llanes.

El pasado día 1 de mayo, en el Centro de Cerámica de Póo de Llanes, Asturias (un sitio que hay que conocer) se le rindió un cálido homenaje a Carlos. Organizado por Miguel Trevín y Avelino (sus amigos de toda la vida), participaron de sus recuerdos el poeta Leopoldo Sánchez Torres; el escritor Luis Arias Argüelles-Meres; su hermano Fernando y su “primogénito” Juan, además del propio Trevín y yo misma.

Hablar de Carlos Álvarez-Ude resulta relativamente sencillo. Sería repetir lo que  un montón de personas han dicho, y escrito, acerca de su bien hacer profesional. De su singular generosidad, algo muy escaso, en el entorno literario. Sería redundar en su gran sentido de la amistad y de la solidaridad.

Lo que sí podría agregar, es algo acerca de la excepcional expresividad de sus ojos.

Pero, en esta ocasión, me gustaría destacar una faceta que tuve el privilegio de conocer, y vivir, al lado de él. La del editor riguroso… y enamorado.

A través de las cartas que solíamos escribirnos, Carlos intuyó en mí la capacidad de transmitir a partir de la escritura. Yo misma la ignoraba, no obstante él, a lo largo de  los años, me insistió para que me lo tomara en serio. Yo, con la desconfianza que da, el ni siquiera haberme planteado jamás, volar en globo y escribir un libro, me reía de él y le decía que me leía con ojos de amante.

Pero sembró la semilla de la duda y comencé a inventar historias que, luego, discusión mediante, entre autora y editor, él me iba corrigiendo. Y así, sin darnos cuenta, ya estaba yo publicando mi primer libro. Creo que, además de su mujer, para él fui un muy  personal proyecto editorial, del que se sintió muy orgulloso.

También, estoy segura, que se involucró tanto en desarrollar mis habilidades, para poder evadir las suyas, que en él eran innatas.

Yo siempre le preguntaba qué razón había para que, a esas alturas de su vida, jamás hubiese publicado su propio libro. Sobre todo, conociendo la gran cantidad de poemas que a lo largo de la misma fue escribiendo: para cada uno de sus amores; para sus hijos; para sus amigos; para la vida misma… Carlos, mostrando el índice derecho, en ese gesto tan suyo, me decía: «Después de haber leído que la vida iba en serio, yo no tengo nada qué decir» Así pues, la culpa era de Gil de Biedma… y yo, sin argumentos, aceptaba su respuesta…

Hasta el día que se me ocurrió robarle el original de «Los mares detenidos» (Trama Editorial, 2010)  y publicarlo, con la complicidad de sus buenos amigos Marcelo y  Manolo Ortuño. De no haberlo hecho así, Carlos, pudoroso y, porque no decirlo, temeroso de no encajar la crítica, jamás habría tenido su primer libro publicado.

Y digo primer, porque tengo toda la intención de rescatar una serie de poemas que he ido encontrando en el cajón de los recuerdos, así como diversos textos y correspondencia, que bien pueden dar un buen repaso a la vida literaria desde 1970 al 2005, años en los que estuvo inmerso de lleno en el mundo editorial y poético, no sólo de España, sino de América en general.

Carlos y yo no tuvimos hijos, sin embargo, conformamos una hermosa familia numerosa: Juan, Eva, Sara y Daniela, dos perros y una gata.

Y, bueno, si: tuvimos dos bellos hijos de papel, que llevan nuestros apellidos…

Quince días después del homenaje que le organizó la querida comadre, Ruth Toledano,  el 8 de febrero en el Círculo de Bellas Artes en Madrid, recibió una carta de Don Antonio (para él), Gamoneda para todos los demás. En esa hermosa hoja de papel, escrita a mano —que, por cierto,  me pasé «traduciendo» más de cuatro horas—  el poeta le dice:

Gracias, muchas gracias por Los Mares Detenidos , un libro espléndido, que he leído de un tirón, que sin duda, va a colocarte en el alto lugar de reconocimiento en que, no sé porque no estabas. O sí, si lo sé: porque durante toda tu vida, has hecho más por otros, que por ti mismo. Pues a ver si te acuerdas de una puñetera vez de Carlos Álvarez-Ude, de Carlos el que escribe cosas como

«Incertidumbre de la miel que recuerda

y se adhiere al corazón del amante…»

Después de leer la carta, Carlos guardó silencio durante dos días. Al tercero, me pidió que le transcribiese, de su libretita, negra y roja,  el libro de “La Losa”: «Tengo que ponerme a corregir algunos versos» me dijo.  Pero fueron más las ganas, que las fuerzas…

La madrugada anterior a su partida, recobró algo de fuerza. Me llamó y me pidió un cigarro. Nos lo fumamos juntos. Luego, me pidió que le diera un beso y me preguntó «¿Me quieres?» Yo, como siempre hacíamos en esos juegos pactados de pareja, le respondí: «ya sabes que no». Sonrió y me dijo que apagara la luz…

Y, ya ves, Carlos (me van a disculpar, pero esto es entre él y yo),  al final me has hecho venir a Llanes. Aunque de muy mala manera, querido…

Dónde estés haciendo versos, gracias por estos años…

Centro de Cerámica de Póo de Llanes

1 de mayo, 2010.

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4 comentarios en “Texto leído en el homenaje a Carlos Álvarez-Ude en Poo de Llanes.

  1. maggi

    Le pido prestado a Manuel Gutiérrez Nájera, la primera y la última estrofa de su poema, para decirtela a nombre de Carlos….

    ¡No moriré del todo amiga mía!
    de mi ondulante espíritu disperso
    algo en la urna diáfana del verso
    piadosa guardará la poesía.
    ………………………
    …porque existe la Santa Poesía
    y en ella irradias tú, mientras disperso
    átomo de mi ser esconda el verso
    ¡no moriré del todo amiga mía!

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