Ajuste de Cuentas (III)

Esta mañana me has pegado duro, querido. ¿Será por qué dormí ocho horas seguidas? O quizá le estoy tomando gusto a esto de sentirme triste. Vamos, yo creo que no, pero, a la mejor, en esta nueva vida me convierto en una masoca, que creo que es de las pocas cosas que me faltan por hacer.

Pues eso, que estaba yo a lágrima abierta cuando sonó el teléfono. Una voz me pregunta qué si tendría algún problema en que tu amada Ínsula publicará un artículo In memoriam y yo que voy y pongo a Bach, con quien te gustaba corregir galeradas.

¿Cómo habría de molestarme tal acción? Lo extraño es que no lo hicieran, pues treinta y cinco años de tu vida se quedaron entre sus páginas. ¿Recuerdas la broma qué te solía hacer respecto a la revista? «Has tenido muchos amores, pero a la única que le ha sido fiel es a ella, a tu Ínsula» Y, por eso, cuando te la arrancaron de las manos, tu dolor debió ser tan intenso como el qué yo ahora mismo tengo. Tarde y mal lo he entendido.

Un merecido ajuste de cuentas, pienso y cuelgo el teléfono.

Me sumerjo, tranquila,  en el Trío Sonata III en d minor…

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