Una tarde de placer

Miras a través de la ventana. El sol se está ocultando. La habitación se queda en penumbra, apenas iluminada por el sutil toque de luz que ofrecen un par de velas. Estás inquieta. Aunque lo esperas, te sorprende. Sus manos tocan tu espalda desnuda. Te estremeces. La firmeza de sus dedos te derrota. Huele bien. Es cálido, suave. Disfrutas el sube y baja del placer deseado. Un ir y venir resuelto. Su respiración y la tuya se vuelven una. Te dejas llevar…

Cuarenta y cinco minutos exactos. No hay más. Detrás de ti, otra espera. Satisfecha, pagas la tarifa.

Es lo que vale un buen masaje…

 

* La idea se la robé a Ana San Romualdo, boca inagotable de historias…

 

6 comentarios

Archivado bajo Cosas de la real vida, Cuento y mitad

6 Respuestas a Una tarde de placer

  1. Tu pincel dibuja una buena sonrisa en el rostro del lector, Alejandra.

    Es posible que los adictos al género leamos buscando la trampa oculta en la trama, pero se nota que tú lo sabes y por ello lo ocultas, sin darnos pista alguna y haciéndonos pensar, a medida que transitamos el camino, en los distintos finales que podemos encontrarnos.

    A mí también me gustaría tener una amiga como Ana.

    Enhorabuena a las dos por un micro estupendo.

  2. Alejandro

    Muy bueno el recorrido con sugerencias hasta llegar al sorprendente final. Me encanta.

  3. Una prosa muy seductora y un micro que se narra suave, calmado y relajante como un masaje. Saludos!

  4. El masaje es el mensaje, diría McLuhan. Y el tiempo…¡la eternidad!
    Besos, Alexandra.

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