«… Así pues, considerando que debe ser horrible tenerme y, luego, por una tontería, perderme, ¿qué dices?» ― concluyó. ¡Y se quedó tan fresco!
Mi primer instinto fue el de arrancarle de un tajo su petulante lengua. A cambio, me mantuve serena; esbocé mi mejor sonrisa y me dejé colocar el anillo.
― Sí, por supuesto que me casaré contigo, mi amor.
Dicho lo dicho, me prometí a mí misma que él no dejaría de sentir lo que era tenerme y no perderme… Día a día, segundo a segundo…
º

Cuentos chinos E-book
Trama editorial
Llámame machista, insúltame, pero eso solo lo puede decir un cierto tipo de mujer. Del cretino ni hablamos.
Haberlos, haylos, mi querido Xarbet… Más de lo que una/o se puede imaginar…
No, no te llamaré machista. No lo eres.
Petons
No todos pueden llevar un anillo, ni prometer ser constantes, pero pueden intentarlo y a veces vale la pena.
Acabo de verte en la comunidad. He venido por curiosidad y veo tu perfil:
“Analfabeta pasional confesa. Ni guapa ni fea: simpática y educada.Pase, la puerta está abierta…¡bravo!
gracias!….
Este primer post que te leo es genial…
saludos:)
helenacomite.